El gobierno empieza a sentir el frío.

 

Justo lo vaticinado por Jeb Bush en 2019.

 

Ese año, digamos mayo o junio, vino el exgobernador de Florida a México y convocó a un grupo de amigos empresarios para dialogar sobre el futuro binacional con Andrés Manuel López Obrador.

 

Bush hablaba sobre la necesidad de crear condiciones para atraer inversiones y hacer de México la tierra prometida por su cercanía con Estados Unidos y cuanto se planteó en 1992 y 1993.

 

El Tratado de Libre Comercio (TLC), del cual sobrevive México con un intercambio de casi 600 mil millones de dólares y, dada la guerra con China, como primer socio a partir de 2023.

 

Uno de los varios secretarios de Estado mexicanos convocados a una más de las reuniones llamadas de alto nivel -los datos remiten a Carlos Urzúa, titular de Hacienda- planteó la decisión de no alterar la estabilidad macroeconómica.

 

Ojo: el presidente de Estados Unidos era Donald Trump, con quien puede verse México otra vez a partir del 20 de enero de 2025.

 

-No nos moveremos contra la estabilidad -señaló el funcionario mexicano sin hacer referencia al populismo, el reparto de dinero público sin fin con fines electorales, como ha sido desde entonces.

 

-Los entiendo -opino Jeb-, pero ustedes tienen la llave del gran desarrollo y el momento es ahora para progresar.

 

No se aprovechó: va un lustro perdido

 

REMEMBER BUSH

 

Aquella reunión seguía.

 

Como sucede con los lopezobradoristas, ese día usaron la imagen de su caudillo para elogiarlo, para compararlo con un dios e intentar colocar el país en el escaparate internacional.

 

-Sí -convino Jeb Bush-, es muy popular.

 

Pero luego los dejó helados:

 

-La popularidad no gana elecciones.

 

Dogmatizados, los lopezobradoristas lo cuestionaron sobre la gran imagen de su líder, la invencibilidad de su movimiento para muchos años y un proyecto de largo alcance entre México y Estados Unidos.

 

-No se confíen –Jeb Bush les soltó a rajatabla.

 

-¿…?

 

-Sí. Miren: mi papá (George Herbert Walker Bush, después su hermano George Walker Bush fue Presidente también) era el mandatario más popular cuando invadió Irak en 1992 con 90 por ciento de aceptación, pero luego perdió la elección con William Clinton.

 

La historia viene a cuento ahora, cuando en México el discurso presidencial trata de horadar la conciencia y sojuzgar a un electorado con frases vacías y promesas

incumplidas.

 

Lo dicho arriba: por algo el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y su candidata Claudia Sheinbaum empiezan a sentir el frío.

 

EVELYN Y ABELINA

 

Cosas de la política.

 

Abelina López, alcaldesa ausente en la crisis de Acapulco por el huracán Otis y la gran destrucción del puerto, va hacia la reelección.

 

La lanza su partido, Morena,  pese al rechazo de la población mientras la gente de plano pide fraccionar el municipio porque no atiende los servicios fundamentales y tiene abandonado Acapulco Diamante.

 

Como consuelo, los acapulqueños cuentan con el Gobierno federal y a la gobernadora Evelyn Salgado, quien a diferencia de la edil ve incrementar su popularidad.

 

Tiene una aprobación de 58 por ciento, es la tercera en ese sentido y en gran medida es por el trabajo realizado de Evelyn tras el drama vivido a partir de octubre pasado.

 

    @urenajose1

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