Minatitlán es tierra de masacre, impunidad y expectativa.

La opinión pública más informada, que transita en porcentajes probablemente semejantes entre el respaldo al presidente Andrés Manuel López Obrador y pendularmente critica la situación de inseguridad actual comparándola con la existente en los últimos 12 años, tiene frente a sí un escenario que rehúye el esquematismo.

Conforme nos alejamos de la noche trágica del viernes en que fueron asesinadas 13 personas, entre ellas un bebé de un año y siete con tiro de gracia, la indignación respecto del desastre de seguridad que vive el país alcanza a prácticamente todos.

La diferencia básica está en asumir que se trata solamente de una “herencia podrida” como dice el primer mandatario, o si estamos ante la evidencia de que el Estado Mexicano debe concentrarse en medidas inmediatas con resultados claros.

Todos esperan que la exposición de argumentos no implique abandonar la operación de seguridad con investigación y detenciones de los responsables a la brevedad.

La masacre veracruzana propulsó nuevamente las discrepancias entre el mandatario Cuitláhuac García y el fiscal general de Veracruz, Jorge Winckler; restableció las coordenadas de la polarización nacional en las que los adversarios de AMLO incondicionalmente lo encuentran responsable de falta de estrategia y acción, mientras que quienes lo respaldan piden que se le dé tiempo suficiente para mostrar resultados.

Según Winckler y otras fuentes, en los asesinatos están involucrados sicarios del Cártel Jalisco Nueva Generación, que disputa con los Zetas diversos espacios de los negocios que las organizaciones delictivas han convertido en su espacio de impunidad y poder.

El crimen colectivo del viernes habría resultado, en esa versión, un intento de cobro de piso rezagado o una pelea por espacios para la venta de droga.

AMLO alzó la mano del gobernador veracruzano, declaró su honestidad en contraste con la crítica al fiscal general de esa entidad dos días después de que el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, llamara a las partes en discordante animosidad a estar por encima de ellas mismas y dedicarse a la detención de los responsables.

El Presidente visitará Minatitlán este viernes, y es probable que para entonces, paradójicamente, la necesidad de autoridades federales y locales, de Morena o puestas en su cargo transexenal por las que fueron desplazadas, como Winckler, entreguen información o detenciones.

De otra manera, López Obrador llegará como si no hubiera capacidades de investigación y detención, locales y federales, luego de un colapso tan evidente de la inseguridad como el que se vive en muchas poblaciones de Veracruz y no solamente ahí.

AMLO ha ofrecido reducir la incidencia delictiva, y en particular el homicidio doloso que alcanzó un crecimiento de 9.5% en este trimestre de 2019 con respecto al mismo periodo del año pasado al totalizarse siete mil 242 carpetas de investigación por esa causa, para un total de ocho mil 493 víctimas, considerando que un mismo incidente es cubierto por la misma indagatoria.

La noche de Minatitlán no terminará pronto si no se comparten datos, esfuerzos, acuerdos, estrategias para bien del conjunto y por encima de las diferencias de opinión.

@guerrerochipres