Si el pueblo venezolano está verdaderamente organizado y es un “pueblo bueno” con el autoproclamado presidente Juan Guaidó, seguramente conseguirá el propósito de las corrientes de opinión que se identifican con las derechas en todo el continente y, en el marco del respaldo del Gobierno estadounidense y de la mitad de los Gobiernos del continente detrás de Donald Trump, se convertiría en mandatario legal, legítimo y operativo del control del poder nacional.

También tiene respaldo de un segmento alienado de Maduro que está cansado de carestías y manipulación.

Pero antes de aprovechar la oportunidad, debe ganar unas elecciones, y para ello reagrupar a las derechas adversarias de Maduro.

Si el pueblo venezolano es un “pueblo bueno” con Nicolás Maduro, seguramente, con el respaldo de las Fuerzas Armadas, con el control territorial y de movilizaciones tan masivas como las de sus adversarios y sin la intervención militar de los Estados Unidos, el heredero de Hugo Chávez permanecerá en control de la Presidencia de la República, con la llave para la distribución de los envíos de petróleo al país hegemónico global.

También tiene apoyo de un segmento internacional antipático a él, pero inclinado a la ley frente a la prepotencia intervencionista de la Unión Americana.

Pero antes de progresar frente a la amenaza tiene que recomponerse a la de Estados Unidos y sus aliados nacionales.

En respaldo de Guaidó acuden con argumentos poderosos, como la ausencia de puentes políticos entre Maduro y sus adversarios o la desestructuración de los sistemas de abasto y de estímulo de las libertades comerciales y políticas, personas de las derechas de siempre y de las izquierdas europeas que no entienden los excesos de Maduro. Sus apoyadores no están dispuestos a responsabilizar la incompetencia política de las mismas derechas en relación con la propia situación venezolana.

En respaldo de Maduro emergen Gobiernos progresistas o abiertamente izquierdistas de todo el mundo para quienes el tema de la legalidad de la elección de un Jefe de Estado es central en la medida de que sin ella, incluso quien se autorrepresenta como democrático, pero quiere derrocar a un líder autoritario con el apoyo diplomático e incluso militar de Estados, no es aceptable la ausencia de un proceso electoral formal, reconocido y participativo que justifique la entrega del poder a cualquier personaje.

Así que lo que viene es una guerra de populistas -de liderazgos que se basan en la radical dicotomización de la escena política- de izquierdas y derechas para hacerse del pleno control del poder nacional en Venezuela.

Desde 2017 no había manifestaciones como las que dieron materia de largas transmisiones en vivo en las cadenas televisivas este miércoles.
Veremos una lucha para deslindar quién es el verdadero y único “pueblo bueno” de Venezuela… además del de Estados Unidos, sujeto a la estratagema de su aparentemente declinante Presidente.

@guerrerochipres