Algunos gobernadores dijeron “ya basta”. Otros, de acuerdo a su formación de siempre obedecer al “jefe”, están y estarán callados durante todo el sexenio.

Saben los segundos que pelearse con el titular del Ejecutivo Federal cierra el ducto del dinero, y un pleito casado con el huésped de Palacio Nacional es la fórmula para fracasar en sus mandatos.

Ellos, los priistas, aunque no estén de acuerdo con las decisiones que tome el líder de Movimiento Regeneración Nacional harán política, tenderán los puentes necesarios para llegar a él o descubrirán con buenos oficios saberse acomodar con los muy cercanos al tabasqueño.

El ADN de los tricolores los obliga a la reverencia, al respeto y hasta la genuflexión.

Pero los gobernadores del PRI en el fondo están contentos, porque no tendrán “patrón” que les dé órdenes; con López Obrador sólo demostrarán sumisión por conveniencia.

Los que ya pintaron su raya son los azules: el 23 de los corrientes, a través de un desplegado, advirtieron que “la colaboración no debe ser entendida como sometimiento de los órdenes locales incluyendo a las autoridades legítimas y legalmente elegidas para gobernar; y le dejaron claro al nuevo Gobierno que para resolver los problemas y establecer las prioridades, no se imponen desde el centro.

El texto, publicado en varios diarios, muestra enojo por el plan de seguridad de la nueva administración y la creación de los superdelegados.
Quien también se mostró en rebeldía es el convergente (militante de Movimiento Ciudadano) gobernador electo de Jalisco, Enrique Alfaro, quien habló fuerte para defender el Pacto Federal.

Y el perredista de hueso tricolor, gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, también ya mostró su enojo. Sabe que el sindicato de trabajadores de la educación le hará la vida imposible, hasta que concluya su mandato. Por ello, tiró la toalla y le aventó el problema al próximo Gobierno.

Y claro, la jefa de Gobierno electa de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum; el gobernador electo de Veracruz, Cuitláhuac García; el gobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco; el gobernador electo de Chiapas, Rutilio Escandón; y el gobernador electo de Tabasco, Adán Augusto López, serán muy incómodos en la Conago, porque evitarán que desde ese foro salga un movimiento para convencer a López Obrador que los tome en cuenta.

Así están las cosas en el país: unos gobernadores molestos, otros arrodillados y otros que ya quieren elevar a los altares a su líder.

Pero que nadie se olvide que esta pluralidad política fue un mandato claro de las lecciones del 1 de julio pasado.

@GustavoRenteria
www.GustavoRenteria.mx