Cuando se habla de Coahuila, es inevitable pensar en el dispendio, deuda, corrupción y los hermanos Moreira.
Humberto es profesor normalista y, claro, muy cercano a la maestra Gordillo. Desde que se convirtió en alcalde de Saltillo, primero, y después en gobernador en 2005, era cómplice de la dueña del SNTE.

No pasó la sencilla, pero muy dura prueba de la honestidad, y por eso solamente pudo ocupar la presidencia nacional del PRI durante 10 meses; pero claro, la PGR tricolor investigó a fondo y no encontró absolutamente nada.
Y la absolución del MP federal fue una cascada de agua helada para los mexicanos, porque Humberto Moreira estaba acusado de adquirir una deuda de 33 mil millones de pesos para el estado que gobernó, que eran en ese momento casi dos mil millones de dólares.

Al enojo nacional se sumó el señalamiento internacional: una Corte del estado de Texas involucró a Moreira en operaciones de lavado de dinero, a través de su operador y prestanombres, Rolando González Treviño, quien para reducir sus penas en cárceles estadounidenses aceptó que era el jefe de una maquinaria financiera, que encabezaba su amigo Humberto.
La ruta del dinero era sencilla: ordeñaban las arcas estatales, le transferían a González Treviño y éste invertía en estaciones de radio.

En enero de 2016, Humberto Moreira fue detenido por las autoridades españolas en el aeropuerto de Barajas, bajo los cargos de lavado de dinero y malversación de fondos. A los siete días fue liberado, y millones del otro lado del Atlántico aseguran que operaron desde acá, para que se acabara la bronca.
Ingratitud y traición son las características de Rubén Moreira. Cuando su hermano era gobernador, lo hizo subsecretario de Planeación Educativa para administrar recursos y con la finalidad de estar cerca de la maestra Gordillo y de las autoridades federales; después subsecretario de asuntos políticos, para aterrizar en la dirigencia del PRI.

Posteriormente fue diputado federal y de ahí saltó a la gubernatura, en un proceso de estado, que no dejó satisfecho a nadie. El estilo Moreira continuó: desvíos, abuso de autoridad, simulación de compras, señalamientos de relación de negocios entre la autoridad y cárteles de la droga. Claro, todo organizado por su hermano, quien recibió varias puñaladas por la espalda.
Y en lugar de ser investigado, don Rubén fue protegido, en calidad de secretario de Acción Electoral con Ochoa Reza en el PRI, y por qué no, ahora es secretario general. El mensaje de las urnas aún no lo entienden en las oficinas de Insurgentes Norte, pero ésa es otra historia.

Y como era de esperarse, ahora el nuevo Gobierno (encabezado por el moreirista Miguel Riquelme Solís) busca reestructurar por tercera vez su megadeuda. No pueden con los intereses que generan los créditos de casi 40 mil millones de pesos.
No saben lo que es la alternancia los coahuilenses, pero eso sí, conocen muy bien el estilo Moreira para sobrevivir en una tierra que una familia controló y controla aún.

@GustavoRenteria
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