Chivas y la ceguera voluntaria

Alberto Lati

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Todo grande que alguna vez descendió, partió del supuesto de que a él, heredero de tantos títulos y adorado por tantos millones, no le podía suceder.

 

 

Lo anterior aplicó, entre otros, a Manchester United (1974), Milán (1981), Atlético de Madrid (2000), Olympique de Marsella (2001), Corinthians (2007), cuyas debacles de doce meses se tradujeron en la pérdida de categoría. Sin embargo, el caso actual del Club Deportivo Guadalajara resulta más bien parecido al de gigantes argentinos que descendieron pese a la invención de un sistema hecho en específico para protegerlos (que, tampoco es algo nuevo, proteger a los de mayor tradición, es proteger el volumen de negocios del certamen).

 

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River Plate e Independiente de Avellaneda han caído al pozo de la segunda, pese a que en Argentina, como en México, existe una tabla distinta para dirimir la permanencia. Es el famoso porcentaje o promedio, que permite a toda entidad experimentar uno o dos años malos y, aun así, poseer perspectivas de no dejar el máximo circuito.

 

Que el Rebaño Sagrado esté comprometido pese a que eso nada más sucede si eres el peor al cabo de seis torneos cortos o tres largos años, dice muchísimo. Significa, por donde se le busque, una crisis dilatada y no un mero accidente. Es decir, por cierta dosis de casualidad se llega a unos meses de derrotas, aunque tres años de descalabros sólo suceden cuando se han hecho las cosas excesivamente mal, cuando se ha contemplado el hundimiento de un barco sin buscar (o encontrar) remedio, cuando se ha sido tan soberbio para asegurar que por llamarte Chivas (o River, o Atlético, o Milán, o Manchester United) no vas a descender.

 

Decía el director técnico rojiblanco, Carlos Bustos, que “Chivas no se concentra en el descenso”, y acaso ese sea el más peligroso de sus errores. Así como el adicto sólo supera sus males si empieza por admitirlos, el Guadalajara está obligado a reconocer la extrema situación en que se ha visto implicado.

 

Sin embargo, prefirió aprovechar el arranque del torneo para irse de sparring de los conjuntos europeos que hacen pretemporada en Estados Unidos. Pospuso su cotejo ante Leones Negros (mismo que, visto el estado actual de la tabla porcentual, podría resultar vital) y priorizó la parte económica sobre la imperativamente urgente, que es hoy la deportiva. Metáfora de la era Jorge Vergara: mucha mercadotécnica, ardua labor de posicionamiento, intensidad en venta de parafernalia y multiplicar ingresos, pero descuido absoluto de lo que acontece en la cancha…, un lujo que este Chiverío de ninguna manera se puede conceder.

 

Ahora, el cuadro tapatío fue goleado por el Pachuca y se mantiene antepenúltimo en la tabla de descenso. Abajo, sólo el Puebla a tres puntos y un partido pendiente, y la recién ascendida Universidad de Guadalajara, de cuyo coeficiente no ha de fiarse, considerando que con hilvanar unos buenos resultados se haría inalcanzable.

 

El primer deber de Chivas es asumir que pese a ser el más popular y querido, pese a tener más títulos que nadie (la mayoría en blanco y negro), está a las puertas del descenso.

 

El consuelo provisional son Puebla y Leones Negros. Por ahora. Y, al tiempo, las Chivas desfilando por la Unión Americana, cuando en el torneo mexicano podrían estar viviendo los momentos más aciagos en más de cien años de historia.

 

Y es que no es mentira: no hay peor ciego que el que no quiere ver.

 

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