La segunda división suele ser un cementerio para muchos grandes: es pronta la caída, pero a menudo demora el regreso.

 

Cuando el Deportivo La Coruña se coronó en la campaña 1999-2000 e ingresó al exclusivísimo club de campeones del futbol español (apenas fue el noveno monarca en su historia), se presagiaban grandes cosas. Una economía sana producto de la sabia gestión de Augusto César Lendoiro, un esquema de mercadotecnia que le permitía acceder a grandes futbolistas, un estadio que de rutina estaba lleno y un historial de inteligentes fichajes como Bebeto o Rivaldo. Tras el título vinieron dos subcampeonatos seguidos, y luego dos terceros sitios, y dos copas conquistadas, y una semifinal de Champions. El Depor fue por buenos años el tercero en discordia del balompié ibérico, sólo detrás de Real Madrid y Barcelona, a los que plantaba cara y arrebató más de una gloria.

 

Sin embargo, ese camino se torció justo cuando era fichado Andrés Guardado en el verano del 2007. El Depor ya no podía gastar como antes y el equipo se rezagaba, dejaba de vivir en puestos altos, salía de la élite europea. El mexicano recibió la bienvenida de miles de aficionados coruñeses en el estadio Riazor. Era visto como la esperanza para pronto retomar el sitio al que se habían habituado, pero el proceso fue complicado.

 

Mientras las lesiones se lo permitieron, Guardado no sólo mantuvo la titularidad sino cierta dosis de desequilibrio en un Deportivo cada vez menos aspirante. Eso, hasta la campaña pasada, cuando Andrés apenas jugó y La Coruña descendió.

 

El Depor, aún con una deuda de 100 millones de euros, se negó a desprenderse de sus estrellas. Difícil ponerse a diseñar un equipo que luche por ascender cuando te has acostumbrado a pulir planteles con perspectivas de Champions League, pero la misión deportivista era volver al máximo circuito de inmediato. Tal como Lendoiro explicaba, no subir de categoría al primer intento implicaría una dramática reducción de posibilidades económicas al segundo.

 

Guardado, en su último año de contrato y con un secreto a voces que lo ubicó buena parte de la campaña en el Valencia, fue quizá el principal pilar para que el cuadro gallego amarrara ayer el título de segunda con el consiguiente ascenso.

 

Actuar en sitios menos estelares, en canchas descuidadas, es un proceso que probablemente beneficiará a Guardado. Madurez, crecimiento, exposición a otro tipo de exigencia, se han adherido al gran talento del tapatío.

 

Jugar en segunda división no siempre es un retroceso. No, sobre todo, cuando quien pasa por ahí tiene capacidad de aprendizaje.

 

En el siguiente torneo tiene que emerger el mejor Guardado. Un brillante futbolista que siendo tan joven ya ha ido a dos Mundiales, pero por una u otra razón, en los dos ha dispuesto de pocos minutos.

 

El mexicano se va de La Coruña entre ovaciones. Exactamente tal como cinco años atrás llegó.

 

@albertolati

 

Alberto Lati

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