Hector-Zagal
 

(Profesor de la Facultad de Filosofía en la Universidad Panamericana)

¿Qué historias les contaban de niños? ¿Les hablaban de princesas que vivían en castillos encantados o de niñas desobedientes que jugaban con lobos? Algo sí les puedo apostar y es que gran parte de esas historias las conocieron gracias a la compañía del ratón. Sin embargo, ¿sabían que la mayoría de esos relatos en realidad son más turbios de lo que se podrían imaginar?

La película de Hércules de 1997 es entretenida, pero muy poco fiel a la mitología griega. La diferencia más grande es que, en la mitología, Hera no es madre de Hércules. Todo lo contrario. En realidad, ella es el motivo de sus desgracias. 

La historia real cuenta que Zeus engañó a la mortal Alcmena para concebir a Hércules. Hera, furiosa por otra infidelidad de su esposo, se propuso acabar con el bebé. Primero le mandó unas brujas que fueron engañadas por los cuidadores del niño para que no lo encontrara. Luego le mandó un par de serpientes venenosas, pero el pequeño Hércules las ahorcó.

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Años después Hera sí logró su cometido. Enloqueció a Hércules para que asesinara a su esposa y a sus hijos. El héroe luego tuvo que realizar doce arduos trabajos para reparar su pena. Uno de esos trabajos era acabar con la Hidra de Lerna, la cual sí se ve en la película del 97, pero como un monstruo de Hades. 

Otros engaños del ratón son sus princesas. Muy pocas consiguieron su “y vivieron felices para siempre”. 

“La Sirenita” es en realidad un cuento de Hans Christian Andersen. En la versión original, la Sirenita sí salva al príncipe y da su voz a cambio de tener piernas. No obstante, cuando intenta ligarse al príncipe, éste no la reconoce y, por si fuera poco, termina casándose con otra princesa. 

En el clímax de la historia, la Sirenita (que no tenía nombre en el cuento) intenta matar al príncipe, pero se arrepiente y se lanza al mar. En medio de la caída, se vuelve espuma de mar, pues se ha convertido en un espíritu del viento. 

El caso de la Cenicienta es todavía más sombrío. Al parecer, la historia se basa en una leyenda china de la dinastía Táng. En ella, la cenicienta se llama Ye Shen y también es una huérfana que vive con su madrastra y sus terribles hermanastras.

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Ye Shen no tiene un hada madrina, sino un pez mágico, o bueno, el esqueleto de ese pez porque su madrastra se lo comió cuando se dio cuenta de que hablaba con Ye Shen…

La historia transcurre casi igual. Los cambios se dan al final. Y es que, cuando el emperador manda buscar a la dueña de la zapatilla, la madrastra decide cortarles el pie a sus hijas para que quepan en la pequeña zapatilla.

Primero le corta los dedos a una, lo que logra engañar a la Corte del emperador. Sin embargo, a medio camino, empieza a sangrar y se dan cuenta de que es un engaño. La madrastra decide cortarle el talón a su otra hija pero pasa lo mismo que con la primera. 

Al final descubren a Ye Shen y ésta se casa felizmente con el emperador. En cambio, la madrastra y las hermanastras son condenadas a morir apedreadas. 

Ya no parecen historias tan infantiles, ¿verdad?

Sapere aude!

@hzagal

Profesor de la Facultad de Filosofía en la Universidad Panamericana