El tablero de ajedrez está cambiando con mucha rapidez. El último en mover ficha ha sido Irán. Los drones guiados que ha lanzado el país de los ayatolás sobre varias ciudades, fundamentalmente sobre Kiev, representa una ayuda irrestricta a Moscú y amplía el número de jugadores de la invasión de Rusia a Ucrania.

Indirectamente ya había muchos países que jugaban en la retaguardia. Todos los miembros de la OTAN, empezando por Estados Unidos, eran parte de esos jugadores. Del lado de Putin, China está siendo un importante aliado. Un hombro en el que llorar. Las relaciones entre ambos países –que por cierto siempre se han mirado de reojo– son muy cercanas, casi fraternales. Tampoco tiene Putin en estos momentos demasiados aliados donde agarrarse.

Pekín ahora se deja querer a la espera de un momento en el que pueda tomarle la delantera, a él, a Rusia y al resto de países. El gigante amarillo tiene todavía mucho que decir en esta historia que parece no tener fin.

Tras los ataques de las últimas bombas lanzadas desde los drones contra Kiev, la Unión Europea le ha advertido a Irán de posibles represalias. Para empezar ha congelado y restringido activos a varias personas y a cuatro entidades relacionadas con la represión y la falta de libertad de las mujeres en el régimen de los ayatolás. Pero esa es una manera de golpear al régimen autárquico de Irán. Además de la represión contra las mujeres ahora está la ayuda a Rusia. Eso, eso lo quiere castigar la Unión Europea para que sepa Irán que sus acciones tienen consecuencias, consecuencias muy serias.

Todo son cortapisas a una Rusia cada vez más aislada. Eso sí, con la ayuda de un puñado de países, algunos de ellos poderosos, muy poderosos. Por eso, ante una situación en la que, si Putin y sus adláteres puedan sentirse acosados, pudiera existir la posibilidad de desencadenar una guerra a nivel nuclear.

Hasta el momento occidente continúa con una política diplomática de persuasión, sabe que de momento no puede utilizar otra medida coercitiva porque los efectos serían inimaginables e indeseables. Pero si Putin lanzara una bomba nuclear, aunque fuera en territorio ucraniano –territorio que no pertenece a la OTAN– la situación cambiaría radicalmente. La Alianza Atlántica tendría que responder de manera proporcional a la rusa. Entonces sí estaríamos ante un callejón sin salida y sin salida real.

LEG