Hace más de cuatro años, México experimentó un cambio radical que era inevitable. El país estaba sumergido en un letargo ante la realidad, cada vez más lacerante, de millones de mexicanos que, además de las innegables condiciones de inequidad y pobreza, sufrían de la parálisis del sistema político mexicano apoltronado en sus prerrogativas y privilegios.

AMLO representaba una ilusión para muchos y una gran duda para otros, una gran mayoría prefirió tomar ese riesgo antes que seguir a la deriva de un sistema frívolo e indiferente ante tanta injusticia.

AMLO necesitaba marcar una diferencia radical en su estilo de gobernar y en las acciones de Gobierno. No tenía alternativa si quería presentarse como un cambio real, lo que no necesariamente significó que éste fuera benéfico. Tenía que eliminar todos los signos del poder que habían prevalecido durante décadas y decidió hacerlo inclusive antes de tomar posesión como Presidente.

La cancelación del aeropuerto de la CDMX en Texcoco, fue su primer gran golpe. Y también su primera gran señal de cómo pensaba gobernar. Si la 4T implicaba la destrucción aún de lo útil o potencialmente beneficioso, se haría. Con un único liderazgo admisible: El del presidente López Obrador.

A esta radicalización de la vida pública se sumaron factores que aumentaron la ansiedad y el descontrol: la parálisis de la oposición y su incapacidad de crear contrapesos, la irrupción del Covid-19 durante más de dos años, la crisis política en EU, la invasión rusa a Ucrania con consecuencias globales muy graves. La incertidumbre domina todo e invade casi cualquier ámbito de nuestra vida cotidiana.

Necesitamos hacer una pausa y no permitir que las dudas, la desconfianza y el miedo arrasen con nosotros. Vienen momentos importantes en que tendremos que tomar decisiones individuales y colectivas. Necesitamos meditar con tranquilidad cómo vamos a construir el futuro de México, en paz y con dignidad.

Hagamos una pausa para reflexionar a quién vamos a elegir para dirigir el próximo Gobierno de México. Qué cualidades humanas y capacidades profesionales debe tener la persona que deseé gobernarnos y que lo haga sin atemorizarnos, sin dividirnos. Necesitamos encontrar al hombre o mujer que nos transmita tranquilidad y sentido de unidad. Militarizar a México no nos va a reconciliar.

Necesitamos hacer una pausa que nos permita a muchos mexicanos no vernos como enemigos, ser empáticos e intentar “ser el otro” para poder comprender su punto de vista, sus problemas, y sus aspiraciones. Necesitamos conocernos.

Necesitamos hacer una pausa que nos haga conscientes de las condiciones en las que viven millones de mexicanos. Urge dejar de lado la indiferencia ante los más necesitados. No solo se trata de lo material, hay tantas personas que sufren de abandono y soledad, que necesitan un gesto de comprensión. Necesitamos redescubrir al prójimo.

Necesitamos pedirles a los políticos -de todo signo- que hagan una pausa en sus diferencias, ya que los agravios de unos o el bloqueo inmediato de los otros, tienen a México temeroso y triste, sumergido en una parálisis que solo nos está empobreciendo y que afecta en mayor medida a los más necesitados.

Necesitamos pedirle al presidente López Obrador que haga una pausa y modere el tono de su discurso, pensar diferente a él no nos convierte en sus enemigos. Necesitamos pedirle que serene la vida política nacional, que se dé y nos dé un espacio de tranquilidad, el triunfo del miedo será la derrota de México. Necesitamos una pausa para vivir en paz.

@Pancho_Graue

fgraue@gmail.com