Alrededor de mil repartidores de la aplicación móvil colombiana Rappi se declararon en huelga el sábado en la capital Bogotá, Colombia para protestar por lo que consideran condiciones de trabajo injustas.

El unicornio tecnológico Rappi cuenta en el país sudamericano con unos 50.000 mensajeros -conocidos como Rappitenderos– para entregar mercados y comidas a domicilio, entre otros servicios.

La huelga, convocada por grupos informales de trabajadores, comenzó en protesta por el bloqueo de las cuentas de Rappitenderos, los pedidos de baja paga y un sistema de puntos que establece objetivos imposibles para las entregas, dijeron los organizadores a Reuters.

“En este momento estamos aquí por los derechos de los trabajadores”, dijo Andrés Reyes, de 28 años, quien se unió a la aplicación por la necesidad de trabajar debido a la pandemia de coronavirus. “Estamos en este momento acá por la justicia laboral”.

En medio de una cacofonía de pitos, silbatos y cánticos que exigían “no más puntos”, Reyes afirmó que los Rappitenderos quieren acabar con un sistema de puntos que rige quién, cuándo y dónde se puede trabajar.

Los manifestantes dijeron que necesitaban ganar cientos de miles de puntos de entregas para poder trabajar en zonas de alta demanda, aunque cada domicilio sólo vale unos pocos cientos de puntos.

Rappi manifestó en una declaración su disposición a escuchar a los Rappitenderos y destacó sus esfuerzos para proteger a los trabajadores durante la pandemia por el COVID-19.

Muchos Rappitenderos son emigrantes venezolanos que llegaron a Colombia huyendo de la crisis social y económica en su país.

Las medidas declaradas por el presidente Iván Duque para controlar la propagación del coronavirus -incluido un aislamiento preventivo obligatorio en curso- golpearon a la cuarta economía más grande de América Latina, que en el segundo trimestre de este año registró una histórica contracción de 15,7% en comparación con el mismo periodo del año pasado.

El desempleo se disparó durante la pandemia. La tasa de desempleo urbano de Colombia, un indicador muy vigilado, fue de 24,9% en junio.

“Nos sentimos maltratados”, dijo Jorge Yaar, de 30 años, que ha trabajado como Rappitendero durante 24 meses. “Rappi se está aprovechando de la necesidad de los Rappitenderos”.

 

PAL