Foto: Reuters En India, solo cinco fieles se unieron para una oración vespertina el primer día del Ramadán en la imponente Jama Masjid de Nueva Delhi, mientras las llamadas a las oraciones resonaban en un patio desierto  

Es un Ramadán como nunca antes para los musulmanes de toda Asia, ya que unas mezquitas que normalmente estarían abarrotadas para rezar se encuentran desiertas y en algunos lugares incluso cerradas bajo llave como consecuencia de las restricciones introducidas para detener la propagación del nuevo coronavirus.

 

En la mezquita de Istiqlal, en Yakarta (Indonesia), la más grande del sudeste asiático, la llamada a las oraciones vespertinas del Magib —justo después del ocaso—, y el mensaje que pide a la gente que rece en casa resuenan en un interior vacío, un marcado contraste con el año pasado, cuando miles de personas se agolpaban para rezar.

 

 

Indonesia, el país musulmán más poblado del mundo, ha confirmado 8 mil 882 casos de coronavirus y al menos 743 personas han muerto.

 

 

 

En Daca, la capital de Bangladés, las puertas de la mezquita del alcalde Mohammad Hanif Jame estaban cerradas con candado.

 

En la ciudad paquistaní de Karachi, la policía patrullaba en las afueras de la Faizan-e-Madina, una de las mezquitas más grandes de la ciudad, para impedir que los fieles pudieran congregarse, al tiempo que no había nadie realizando el tarawih, la plegaria realizada por los musulmanes en la noche durante el mes sagrado del Ramadán.

 

 

Pakistán ha notificado más de 11 mil casos de coronavirus, incluidas 237 muertes.

 

En India, solo cinco fieles se unieron para una oración vespertina el primer día del Ramadán en la imponente Jama Masjid de Nueva Delhi, mientras las llamadas a las oraciones resonaban en un patio desierto.

 

El año pasado, los feligreses acudieron en masa a la ornamentada terraza delantera de esta mezquita de ladrillos rojos del siglo XVII.

India ha informado de 26 mil 496 casos de coronavirus y 824 muertes.

 

Los expertos en salud han advertido que la rápida propagación del coronavirus en las partes pobres y densamente pobladas del sur de Asia, donde vive una quinta parte de la población mundial, podría fácilmente abrumar sus débiles sistemas de salud pública.

 

MGL