Tan criticado como incomprendido en un principio, ese trofeo ha terminado por convertirse en una de las piezas más sólidas en la iconografía y narrativa del deporte.

Cuando Silvio Gazzaniga decidió participar en el concurso para elegir la nueva copa FIFA, su padre notó que en papel no se entendía correctamente la idea, así que le sugirió desarrollar su propuesta en una maqueta, misma que convencería al presidente de la FIFA, Sir Stanley Rous.

Entregada la copa Jules Rimet a Brasil en definitiva, como primera selección tricampeona, a partir del Mundial de Alemania Federal 1974 la creación de Silvio premiaría al capitán del equipo ganador.

Lo que pocos pudieron prever, entre las reseñas iniciales que fueron negativas e incluso las comparaciones burlonas con un helado sobre su barquillo, fue que la imagen ideada por Gazzaniga maduraría como lo hizo: como sinónimo de gloria, de épica, de explosión festiva, de comunión, de reinar sobre el planeta.

Con el de Qatar 2022, son ya seis Copas del Mundo consecutivas que incluyen en el logotipo una recreación de ese trofeo.

Sintomático del efecto benévolo del tiempo que las primeras seis justas en las que se disputó ese galardón (de 1974 a 1998) no lo incluyeron en su logo. A partir de Corea-Japón 2002 siempre ha sido el caso; como estampa central en la mayoría de las veces y con un sitio más esquinado tanto en Alemania 2006 como en Sudáfrica 2010.

Acaso más que el diseño, es su investidura: el haber visto esa copa –que no es copa– en tantas premiaciones, sostenida por el capitán campeón, besada por muchos de los mayores cracks de la historia, terminó por darle lo que en un principio no se le veía.

Para entender mejor lo que conceden los años a un trofeo, la única ocasión en que se había incluido la copa Jules Rimet en el logo, fue la penúltima vez que se jugó por ella. Quitando a Inglaterra 1966, jamás se le otorgó ese lugar.

El logo de Qatar 2022 ha sido más arriesgado que los anteriores. La alusión al infinito suena maravillosa y la justificación de si se inspira en las dunas qataríes o el chal árabe algo aporta. No obstante, será más complicado que unifique como, sin duda, lo han conseguido los anteriores. Si parece listón, pulsera doblada, florero…, pero a mí me gusta.

El mejor juicio al proyecto de Gazzaniga ha llegado en esos logotipos. Como para pensar que su diseño, hecho maqueta por recomendación paternal, no fue exitoso. Éxito disparado, en todo caso, por el deseo: nada desean más los devotos de la religión más practicada de la historia que ese trofeo.

Twitter/albertolati

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de 24 HORAS.