La Sedena y la Fiscalía General de la República han revelado que siete de cada 10 armas usadas para cometer crímenes de alto impacto, como homicidio doloso, provienen de Estados Unidos.

Nuestro vecino del Norte, a cuyo Presidente le gustan tanto las fronteras y los muros, tiene serios problemas para reconocer y enfrentar los límites entre la libertad del individuo y la seguridad colectiva en su discurso y práctica. Padecer un desequilibrio mental en un país que privilegia ante todo la libertad supone la expresión de una amenaza tan grande como la que se atribuye a los integrantes de ISIS.

Ha circulado por las redes un meme en el que, como en un catálogo de tonos de pintura, se clasifica a los criminales según el color de su piel: entre los más caucásicos, la violencia se atribuye a problemas mentales; conforme se avanza hacia las pieles oscuras, a los delincuentes se les llama terroristas. Es un meme, pero no es gracioso, sino terriblemente revelador de los contornos que condicionan toda discusión política, económica y cultural en Estados Unidos, como en muchos otros países.

El sueño americano se puede volver pesadilla cuando pensamos que la libertad en el terreno de las armas supone que quien tenga identificación oficial y 250 dólares puede asistir a las ofertas en Walmart y salir con un rifle. También en Walmart sucedió la masacre de El Paso, una de tres en menos de 24 horas; durante 2019 se han registrado 250 balaceras en Estados Unidos, de acuerdo a Guns Violence Archive.

Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores, se atrevió a llamar a las cosas por su nombre: es un acto de terrorismo contra mexicanos, aunque su perpetrador sea sólo un supremacista blanco para la administración de Trump, quien ha condenado la intolerancia racial, pero no ha hecho una sola referencia a la legislación sobre armas.

En México, la violencia con armas de fuego es muy distinta y está asociada, en la mayor parte de los casos, con la ilegalidad. Hay un programa importante que enseña un camino a nivel hemisférico para contener este problema: sí al desarme, sí a la paz.

Encabezada por la secretaria de Gobierno de la Ciudad de México, Rosa Icela Rodríguez, esta iniciativa ha logrado entre el 21 de enero y el 2 de agosto la recuperación y destrucción de tres mil 638 armas de fuego, entre las que se encuentran dos mil 976 armas largas. ¿Una de las claves? Ofrecer el cambio de armas por dinero sin ninguna investigación de por medio.

Al mismo tiempo, se sabe que en Tepito y algunos mercados de Iztapalapa se pueden alquilar armas por día, por ejemplo, pistolas de calibre 22 ó 25 con tarifas que van desde 800 pesos o un fusil semiautomático AR-15 por nueve mil pesos.

Libertad y seguridad son dos valores contemporáneos que entre sus extremos pueden encontrar un punto de equilibrio para permitir a la sociedad desarmarse al tiempo que se recompone en su tejido esencial: el del respeto comunitario e individual.