Los primeros meses de su gobierno no tienen saldo positivo.

La cuarta transformación se tambalea.

La impresión general es que hay una fuerte crisis política y de credibilidad que afecta y genera incertidumbre.

A nadie le gusta ser acusado, y lo ocurrido en Minatitlán, Veracruz, provocó más que frivolidades.

Con su ya mítico discurso se presenta por las mañanas marcando su distancia con las distintas fuerzas y arremetiendo, como en la campaña, contra los que llama sus “adversarios”, sus “enemigos” que lo acechan a diario y los presenta como depredadores agazapados en las sombras.

“Me andan cucando, siempre es eso… porque la verdadera doctrina de los conservadores es la hipocresía. Sí, pero yo soy dueño de mi silencio y no voy a ser rehén de nadie”, dice el presidente Andrés Manuel López Obrador.

No se le puede achacar toda la responsabilidad al Ejecutivo, pero también es cierto que no ofrece credibilidad. Cada vez le resulta más difícil escapar a su pasado.

Confrontar su discurso de la situación actual con el pasado y el resultado siempre es la insistencia de llegar a los mismos. El daño es culpa del neoliberalismo y la corrupción.

Quiere volar solo, no hay sitio para todas las personas, no le preocupan las críticas y siempre deja en claro que no está solo, que el pueblo lo apoya, que el pueblo le ayuda.

Pero el dolor del pueblo con la fuerza que tiene, y tenía, no ha cambiado nada.

Aprender a vivir con un miedo es la constante en los últimos meses.

En Minatitlán, Veracruz, el sentimiento de humillación está presente.

Y la respuesta del Gobierno federal es optar por otros valores que les ofrecen tranquilidad y seguridad.

Habló del gobernador: “Cuitláhuac es incapaz de engañar, es incapaz de llevar a cabo una acción perversa en contra de nadie. Cuitláhuac no es malas entrañas, Cuitláhuac es honrado. Paisanos, vamos de gane”.

Y agregó: “Aquí en Veracruz, desgraciadamente, en los últimos Gobiernos, lo dije ayer, lo repito ahora, había mucha complicidad entre la delincuencia y las autoridades. Eso ya se termina”.

El Presidente está seguro de que su voz tendrá gran peso.

Pero la política sin compromiso social es capricho.

Así lo dice el presidente López Obrador: “Llegamos para transformar y ofrecemos disculpas por las molestias que ocasiona nuestro comportamiento, pero llevamos prisa, queremos transformar a México. Vamos a acabar con la corrupción, vamos a acabar con la impunidad, va a haber justicia, y va a haber paz y va a haber tranquilidad. Me canso ganso”.

No queda claro qué sigue; las declaraciones convertidas en pruebas que presenta causan desilusión.

Una sociedad se puede equivocar una, dos o muchas veces, y ahora vigila con recelo.

¿Hace mucho daño decir la verdad?

jfcastaneda9@hotmail.com