Desde que Donald Trump apareció inesperada e injustificadamente en la escena política del mundo, anunció la construcción de un muro en la frontera con México.

Desde la campaña en busca del voto, el muro pasó de ser el anuncio de una obra pública a convertirse en amenaza.
El muro todavía sigue como proyecto de un estilo muy personal de gobernar, y es probable que nunca suceda.

Ahora dice que cerrará su frontera sur, como parte de sus decisiones unilaterales que le significan dispararse en un pie, pero, como todo lo que anuncia el presidente del vecino país del norte son amenazas, pocos pueden hacerle caso.

Las fuerzas vivas de México saben que en un cierre de fronteras habrá repercusiones negativas para ambos países y habría conflictos sociales que le redundarían en la derrota de Trump para reelegirse dentro de año y medio. Esto
Trump lo sabe a pesar de su inestabilidad emocional, y en México se le toma muy en cuenta, más por consigna que por convicción.

En Estados Unidos no le hacen mucho caso porque saben que los migrantes no sólo seguirán llegando a territorio estadounidense sino que serán ocupados en diferentes tareas a lo largo y ancho de su territorio. Sin embargo, la oposición no partidista en México empieza a hacer cálculos de las pérdidas a causa del cierre de la frontera, que muy probablemente nunca sucederá.

Los empresarios mexicanos afiliados a sus cámaras, convertidas en intento de contrapeso político y social, se esfuerzan en realizar ejercicios que sólo les sirven como herramienta para intentar desgastar al gobierno federal.
Es decir, se ocupan de probabilidades surgidas de supuestos, a través de especulaciones. La subjetividad se ha adueñado de los cálculos de un empresariado que no se atreve abiertamente a ser oposición, pero que intenta, a
través de una guerra mediática, dando a conocer sus pronósticos, reducir el capital político de Andrés Manuel López Obrador.

Históricamente los empresarios afiliados a sus cámaras han dejado fuera de sus tareas la solidaridad con la sociedad, ellos siguen viendo en sus trabajadores a los enemigos de clase, aunque afirmen que según sus maestros de Harvard la lucha de clases es una pieza de museo. Pero muy pocos empresarios mexicanos ven en
sus asalariados el complemento de su productividad. De no ser así los salarios de los mexicanos serían muy diferentes.

Resulta muy sintomático que las amenazas de Trump se conviertan en materia de estudio para que los empresarios den a conocer las calamidades que resultarían de dicha decisión. El motivo es el flujo de migrantes que viaja a través de México hacia Estados Unidos, y que el vecino del norte quiere impedir que lleguen a su territorio.

Desde luego que exigirle cultura a un hombrecillo como Trump es una ingenuidad, pero un hombre con su investidura debería saber que la migración lejos de ser un delito es un derecho. Sus antepasados fueron migrantes y llegaron para quedarse en territorio estadounidense. Esto nadie puede negarlo.

Hace unas horas Trump le dio un ultimátum a México para que detenga el flujo de centroamericanos migrantes y el envío de drogas, como si en ambos casos el gobierno mexicano promoviera esas acciones. La primera sucede porque, a pesar de todo, hay trabajo para migrantes en el vecino país; la segunda es una práctica cotidiana, porque del otro lado de ese muro imaginario, hay millones y millones de dictos que consumen la droga que Trump no quiere dejar pasar.

Un día sin abastecer el mercado del consumo en los adictos, puede convertirse en un caos social en Estados Unidos, lo mismo podría suceder si la mano de obra de los migrantes dejara de trabajar, pero la visión estrecha de Donald Trump, está conectada más a la amenaza que a la realidad. Para no enemistarse con el actual gobierno de nuestro país, primero mostró su bandera blanca al decir que “Están sucediendo muchas cosas buenas con México. México entiende que vamos a cerrar la frontera o voy a imponer aranceles a los autos”. Lo cierto es que a causa de la propaganda proveniente de Estados Unidos, que forzó a muchos mexicanos y estadounidenses a pensar que el automóvil es una mercancía de primera necesidad, ese objeto se convirtió en parte del estatus social, que ahora quiere ser castigado.

Es decir, el presidente Trump, quiere castigar a quienes se fueron con el engaño de que tener automóvil se convertía en parte de la elegancia de un ser humano. No puede actuar contra quienes crecieron con los valores que surgieron en la tierra que Trump defiende. Su visión de la realidad social tiene muchas limitaciones y son estas limitaciones con las que han impedido que el muro se construya en la frontera para dividir a sus habitantes, pero que no servirá para impedir el flujo de migrantes y droga, como la miopía antihistórica de Trump considera.

Lo grave no son las bravuconadas de Trump, que puede tener esas y muchas más, lo realmente preocupante es la necesidad injustificada de los empresarios mexicanos de crear especulación donde no la hay. Porque si Trump no amenazara, ya estarían desperdiciando sus recursos humanos y materiales en qué pasaría con nuestra economía si la actual administración permitiera que se instalaran en territorio mexicano un grupo de extraterrestres. Porque si de especulaciones se trata, para desprestigiar cualquier pretexto es bueno. PEGA Y CORRE.- Como si se tratara de una película de horror aparecieron en Hidalgo 528 niños fantasmas en las estancias del gobierno, cuyos concesionarios cobraban por cada uno de ellos como si no se hubiera salido de ese proyecto. El programa no se ha cancelado como muchos lo afirman, se suspendió mientras se limpia de oportunistas que utilizaron a los menores para fortalecer sus bolsillos a costa de los impuestos de los mexicanos… Esta columna se publica los lunes, miércoles y viernes.

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