Foto: Reuters En espera de una visa humanitaria que no llega y sin dinero, decenas de migrantes que salieron hace semanas de Centroamérica en caravanas han comenzado a cruzar a pie el extenso Río Bravo que divide a México de Estados Unidos para entregarse ante autoridades  

En espera de una visa humanitaria que no llega y sin dinero, decenas de migrantes que salieron hace semanas de Centroamérica en caravanas han comenzado a cruzar a pie el extenso Río Bravo que divide a México de Estados Unidos para entregarse ante autoridades estadounidenses y pedir asilo.

 

Desafiando las corrientes del río, familias enteras con sus hijos en brazos y pocas pertenencias, abandonaron el albergue de Piedras Negras, en Coahuila, para lanzarse a una nueva travesía en la que algunos han sido detenidos por agentes estadounidenses o por la policía mexicana.

 

“No miramos avances del Gobierno mexicano (para entregar visas). Pronto nos van a echar de aquí y no tenemos a dónde ir. Si no es hoy será mañana pero sí nos vamos a tirar por el río”, dijo Sofía Cardona, una migrante hondureña que salió de su país este año tras el asesinato de su hermano a fines del 2018 y amenazas de muerte en su contra.

 

“Mi esposo tiene miedo pero no queremos que nos deporten a Honduras, hemos pasado por tantas cosas que pensar en volver me dan ganas de llorar”, agregó la mujer que también viaja con sus hijos de 11 y 14 años.

 

Testigos de Reuters observaron esta semana cómo incrementó el número de personas que intentaron cruzar el Río Bravo, una frontera hidrográfica de unos 1,800 kilómetros, para acceder a Estados Unidos. En algunos casos eran detenidos por agentes estadounidenses o bien devueltos a México por la policía.

 

Pero no fue posible tener una respuesta de inmediato de autoridades de seguridad sobre si había subido el número de inmigrantes que intentó cruzar por esa zona.

 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha insistido en implementar fuertes medidas contra la inmigración indocumentada, un discurso que refuerza constantemente con la propuesta de ampliar el muro que divide a su país de México.

 

Sin embargo, pese a sus recurrentes mensajes, la migración no ha parado, por el contrario el año pasado miles de migrantes centroamericanos salieron en multitudinarias caravanas huyendo de la violencia y pobreza de sus países para buscar asilo en Estados Unidos.

 

Las constantes peticiones para iniciar el trámite, que incluye a mexicanos, han saturado las fronteras por lo que centenares de inmigrantes se encuentran varados en las ciudades mexicanas fronterizas de Tijuana y Piedras Negras, sin que esto detenga nuevas caravanas.

 

“Si no fuera porque vengo con mis hijos ya me habría tirado (al río), pero no es tan sencillo, tengo que esperar”, dijo Osvaldo López, un migrante salvadoreño que busca asilo para él, su esposa y sus dos hijos.

 

“Por ahora hemos sobrevivido con el dinero que me envía mi hermano pero no creo que duremos mucho más”, agregó el hombre de 32 años que huyó de su país tras ser amenazado de muerte por negarse a pagar extorsiones de criminales.

 

Activistas de derechos humanos han insistido en que integrantes de las caravanas fueron engañados pues nadie les explicó a qué se iban a enfrentar al llegar a la frontera mexicana.

 

“Sus líderes los engañaron, les dijeron que cuando llegaran a Piedras Negras iban a hacer fila en el puente (internacional a Estados Unidos) y los iban a dejar pasar, pero eso no funciona así”, dijo José Valdéz, director de dos casas de migrantes en Piedras Negras.

 

fahl