Los altos sueldos de jueces, ministros y magistrados, que en muchos casos resultan ofensivos, no se deben enfrentar con bravuconadas, sino con estrategias políticas y hasta legales; de lo contrario, saldrá lesionado el equilibrio de poderes del país, y con esto se pondría en riesgo la incipiente democracia mexicana.

Hay que recordar que precisamente el equilibrio de poderes busca contrarrestar el abuso del poder mismo. ¿Por qué? Basta con recordar aquella frase de Montesquieu: “Es una experiencia eterna que todo hombre que tiene poder siente inclinación a abusar de él”.

Si realmente se quiere acabar con los abusos, el camino es fortalecer a las instituciones, y no derrumbarlas a punta de descalificaciones y amenazas.
Efectivamente, hay ministros que perciben más de 400 mil pesos al mes, y en un país como México, es un exceso, y es un tema que hay que atender, pero arremeter contra el Poder Judicial, desde el Ejecutivo y el Legislativo como se está haciendo actualmente, sólo causará daño a una institución que, con todo y sus errores, es importante para la democracia mexicana. Una cosa es disentir y otra, tratar de imponer la voluntad y descalificar.
De hecho, más que minar al Poder Judicial, es una obligación constitucional del Presidente de la República, según el artículo 89, fracción XII de la Constitución, “facilitar al Poder Judicial los auxilios que necesite para el ejercicio expedito de sus funciones”. Parece ser que además de que se puede tratar de un asunto ético, los embates mencionados irían en sentido contrario a la Constitución.

¿Qué sucede cuando se debilita una institución? Pierde la capacidad de cumplir con su deber, que finalmente es en beneficio de la sociedad.
Va un ejemplo: el fin de semana, todos vimos en redes sociales que a un sujeto se le hizo fácil exhibir cómo un policía que participaba en un operativo quedó en el cofre de su automóvil, el cual aceleraba para torturarlo, arriesgando su vida. Una parte importante de la gente que hacía comentarios en el video se mostraba indignada; otra aplaudía el hecho porque, decían, “se lo merecen los policías”, “una de cal por las que van de arena”.

Difícilmente ese individuo le hubiera hecho lo mismo a un soldado o a un marino, a pesar de que pudo haber sido el mismo oficial, pero con otro uniforme, porque pertenecen a instituciones más fuertes. Pero la Policía, local, municipal y estatal son instituciones débiles que la gente se atreve a confrontar y hasta humillar. Y ése es uno de los motivos por los que, al final, su labor de garantizar seguridad se ha visto afectada, claro, junto con la corrupción y la falta de capacitación, pero al final, la Policía se ha convertido en una institución que pocos respetan.

#¿LoboEstásAhí?

La corrupción en el magaproyecto del NAIM, en Texcoco, es un tema que debe salir a flote. Por lo que asegura gente que ha tenido acceso a información al respecto, el problema es del tamaño de la obra, y podríamos estar hablando de “megacorrupción”. Por el momento, el nuevo Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México se encuentra ocupado lidiando con los inversionistas buitres, que buscan sacar el mayor jugo a la recompra de bonos.