Durante décadas, México dio refugio a miles de personas afectadas por dictaduras y guerras civiles en América Latina y el mundo. La política de puertas abiertas protegió a miles de exiliados españoles, chilenos, argentinos y de otras latitudes que por razones políticas salían huyendo de sus países de origen.

En este nuevo siglo, y ante un contexto diferente, México tiene que definir qué papel quiere jugar ante el fenómeno de la migración, el cual tiene dimensiones globales y que amerita respuestas de igual envergadura. Más aun si se considera que el éxodo de personas en el continente, por cuestiones políticas, de inseguridad o por razones de extrema pobreza, se presenta como parte de una crisis humanitaria que va en escalada.

Conseguir que los migrantes y las migraciones sean uno de los temas principales de la agenda internacional ha costado décadas. Por ello, el proceso negociador para una migración segura, regular y ordenada es uno de los objetivos que se deben tener en la mira y que urge atender sin dilación alguna.

El fenómeno migrante, en últimas fechas, está tomando el tránsito masivo de personas como una forma de resguardar su seguridad ante las vejaciones, asaltos, extorsiones de polleros y constantes violaciones a sus derechos humanos. Esta situación se ha ido incrementando desde el año 2014.

No es la primera vez que un evento masivo de migrantes emprende la marcha con destino a Estados Unidos; el ejemplo más inmediato lo tenemos cuando en marzo pasado se presentó una acción similar. En ambos casos, la respuesta del Presidente norteamericano, Donald Trump, ha sido la misma; amenazas a los países de origen con emprender acciones si no impedían la marcha de la caravana.

La respuesta a este fenómeno migratorio es contrastante. Por una parte encuentran solidaridad y respaldo, pero también se presentan signos de rechazo y xenofobia por los países que transitan, incluyendo México.

Ante la potencial crisis humanitaria que se cierne sobre los países de la zona centro del continente es oportuno recordar las palabras de José Saramago, Premio Nobel de Literatura: “El desplazamiento del Sur al Norte es inevitable; no valdrán alambradas, muros ni deportaciones: vendrán por millones. Vienen buscando lo que les robamos. No hay retorno para ellos porque proceden de una hambruna de siglos y vienen rastreando el olor de la pitanza. El reparto está cada vez más cerca. Las trompetas han empezado a sonar. El odio está servido y necesitaremos políticos que sepan estar a la altura de las circunstancias”.

LEG