Durante meses dijimos que una victoria de Morena colocaría a México en la antesala de una dictadura.
Y ante esa posibilidad, intelectuales reputados, políticos y periodistas dijeron siempre que se trataba de una exageración. Incluso respondían con una grosera obviedad: “México no es Venezuela”.

 

Lo cierto es que en ninguna parte del mundo existen gemelos en el populismo y la dictadura. Cada populista y cada dictador obedecen a las características propias de su sociedad.

 

En el México del siglo XXI, por ejemplo, el gobierno populista que viene no sólo pasó por encima de la división de poderes y violentó los tres órdenes de gobierno, sino que retomó una vieja práctica virreinal, la cual perfeccionó siglos después el dictador Francisco Franco.

 

Nos referimos los 32 “coordinadores estatales” que “por dedazo” designó el futuro Presidente para tener el control político, hacendario y fiscal de las 32 entidades del país.

 

En pocas palabras, cuando Andrés anuncia la figura de “coordinadores estatales” confirmó que el suyo será un régimen totalitario, en donde un partido hegemónico de masas tiene el control absoluto de la vida política del Estado todo, incluyendo las entidades federativas. ¿Esa figura les recuerda algo?

 

Recuerda al PRI de los años 50, 60 y 70. Pero lo verdaderamente preocupante es que en pleno siglo XXI, en una naciente democracia mexicana, y cuando muchos suponen que salimos de lo más rancio del PRI, el gobierno que viene desempolvó usos y costumbres coloniales y dictatoriales que se suponían superados.

 

Y es que cada una de las entidades del país tendrá, a partir del 1 de diciembre, a un “coordinador estatal”. Cada uno incondicional del Presidente e impuesto por AMLO, de entre toda una claque de fieles e incondicionales aspirantes a virreyes –como en los tiempos de la Conquista, en donde sólo representaban los intereses del Rey-, al tiempo que en los hechos desempeñarán el papel de “gobernadores civiles”.

 

¿Cuál es el papel de un “gobernador civil”?

 

Es una figura idéntica a la utilizada por Francisco Franco, el dictador que por la fuerza de las balas acabó con la España republicana.

Vale recordar –si es que lo olvidaron- que en la dictadura franquista, en España, el sátrapa impuso en todas las provincias a los “gobernadores civiles”, cuya labor fundamenal era restaurar la organización territorial centralizada, bajo el ojo atento del dictador. ¿Estaremos ante una reproduccion tropical de lo que serían los “coordinadores estatales” de AMLO en México?
En la práctica –durante el franquismo-, los “gobernadores civiles” eran la máxima autoridad, por encima de cualquier cargo a nivel local; eran los mandones, los dueños del dinero, de la hacienda y de la justicia.

 

¿Será que López Obrador olvidó que, según la Constitución, el poder dimana del pueblo y que los gobernadores estatales fueron electos por el pueblo? Y la pregunta obliga: ¿por qué el silencio de los gobernadores del PRI, del PAN y PRD?, ¿le temen a AMLO?
¿O será que estamos viendo la otra cara del dictador?

 

Al tiempo.