Uno de los puntos importantes a destacar de la jornada electoral del domingo pasado es la gran participación ciudadana. De acuerdo a cifras preliminares, la participación fue superior a 60% a nivel nacional, y en la Ciudad de México alcanzó un porcentaje superior a 70%.


Esto habla de madurez de una sociedad actuante y demandante. No cabe duda que en la mayor elección del país ganó la democracia.


A lo largo de mi carrera política, el sentido de la democracia es un valor que he aquilatado como el mejor mecanismo promotor de cambio, por el que he dedicado mi mayor esfuerzo. En tal sentido, es de demócratas reconocer que la voluntad ciudadana se ha expresado y ahora corresponde avanzar hacia adelante.


Uno de los pasos más importantes y trascendentes, que implica el compromiso y esfuerzo de todas las fuerzas políticas, es avanzar en la Reconciliación Nacional (con mayúsculas), y esa tarea empieza desde ahora. Defender la vitalidad de nuestra democracia, fortalecer nuestra economía, construir nuevas protecciones ante el mundo, lograr la seguridad y tranquilidad, además de conseguir un lugar para cada mexicano, es ahora la nueva tarea que nos apremia.


La división de opiniones y preferencias político-electorales cerró su capítulo. Toca trabajar en la reconciliación y la unidad de todos los mexicanos. Necesitamos que al nuevo Gobierno le vaya bien, para que al país le vaya mejor.
Con la renovación de poderes en los meses siguientes, empieza una nueva página de nuestra larga historia. Verdaderamente aspiro que sea de esperanza y de confianza renovada. La confrontación debe ser una etapa superada, ése y no otro es el mandato de la ciudadanía que en una jornada ejemplar asistió a las urnas.


Desde mi trinchera, cualquiera que sea, empeñaré mi trabajo y esfuerzo en una oposición seria y responsable, comprometida en la renovación democrática de México. Trabajaré para garantizar que los ciudadanos tengan voz y sean escuchados con el fin de que sus necesidades más apremiantes sean cubiertas. Estoy convencido que debemos recuperar el sentido profundo, la dignidad de lo que nos une: servir de forma justa y eficaz a los habitantes.


Los retos que enfrenta el país, en el plano nacional e internacional, son grandes, y en diversos casos debemos trabajar para corregir algunos excesos. Por eso considero que la unidad y la reconciliación serán un fuerte instrumento para ampliar el marco de libertades que se han conquistado en nuestra incipiente democracia.
Ése es el verdadero mandato de las urnas: Reconciliación y Unidad Nacional.