Estamos por concluir 2017, y la actividad económica en México se muestra influenciada por un período de precampañas electorales, cambios en los dirigentes nacionales de algunos partidos políticos, la definición final de la reforma fiscal de Estados Unidos y los riesgos y oportunidades para México, niveles altos de inflación y tasas de interés que vienen afectando el consumo interno, las próximas reuniones de política monetaria de la FED y del Banxico, nuevo gobernador del Banxico y el reto de mantener plenamente la “autonomía”, la incertidumbre sobre el desarrollo del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en el que México podría verse envuelto en las decisiones viscerales del presidente Donald Trump, en especial entre el segundo y tercer trimestre de 2018, cuando se encuentren en pleno apogeo las campañas electorales en Estados Unidos para votar por algunos gobernadores, Cámaras de Representantes y del Senado.

 

Este fin de semana conocimos ya las decisiones del “Frente por México”, en el que Miguel Ángel Mancera declina su aspiración presidencial y apoya al Frente por México en el que Ricardo Anaya hace oficial su intención de contender por la candidatura presidencial. Algo que todo el mundo sabía, pero que por tiempo y disciplina no podía decirlo abiertamente.

 

De esta forma es clara la contienda por la presidencia con Andrés Manuel López Obrador por Morena, José Antonio Meade por el PRI y Ricardo Anaya por el Frente por México.

 

Estaremos muy atentos a las propuestas ya formales de los candidatos para el período 2018-2024, que apunta a ser muy especial en el ámbito económico afectado por un entorno social, político y bélico de mayores dimensiones.

 

Estamos viendo los cambios a alta velocidad que el sector tecnológico le imprime a la economía mundial. Estados Unidos viene creciendo a un ritmo acelerado con una inflación hasta ahora en zona adecuada para que la FED siga su proceso de ajuste gradual en las tasas de interés desde esta misma semana en la que se espera un aumento de 25 puntos base a niveles de 1.50%, pero que con un posible comunicado manifestando una buena dinámica de la economía, la reforma fiscal que presionará su nivel de endeudamiento en 2018 y, por lo tanto, la posibilidad de ver en 2018 de tres a cuatro aumentos en el nivel de tasas de interés.

 

La definición de la reforma fiscal la debemos de tener en un máximo de dos semanas, servirá para analizar justamente la “tasa efectiva” que tendrán que pagar las empresas con domicilio fiscal en Estados Unidos vs. la “tasa efectiva” que pagan las empresas en México, y con ello determinar si será “urgente” hacer cambios fiscales en nuestro país durante 2018, aunque por los tiempos políticos serían en su caso después de las elecciones.

 

Todo esto para México significará un reto de volver a darle dinámica a la economía por el lado del consumo interno, pero también la certidumbre para que la inversión privada retome su crecimiento y aporte valor hacia la producción industrial y la balanza comercial.

 

Debemos de estar conscientes de que desde 2009, la economía americana y sus mercados se encuentran dentro de un ciclo de expansión, y actualmente en nuestro indicador económico, tenemos a Estados Unidos con un valor de 86 sobre 100% ya en plena expansión, mientras que a México apenas lo ubicamos en 56% en una desaceleración económica. Pocos años suceden como este 2017, en el que Estados Unidos como país desarrollado crecerá más que México, país en desarrollo. Debemos de estar alertas a una desaceleración americana en poco tiempo.

 

También veremos a Brasil que, a pesar de su tema político y de falta de transparencia, su economía crecerá alrededor de 2.0 a 2.5%, y será una clara competencia para México en flujos de inversión para el mercado de dinero y de capitales.

 

Así, los candidatos presidenciales serán muy importantes; requerimos de un gran administrador, aunque también el manejo político será relevante.