En lo largo y ancho del Centro Histórico, uno de los recintos más concurridos y de mayor atracción turística del país, las personas difícilmente resisten la tentación de gastar su dinero.

 

La época decembrina se encuentra a la vuelta de la esquina, y las tiendas ubicadas sobre Eje Central están más que tapizadas de letreros rojos con blanco, los cuales marcan el inicio del Buen Fin, un período de cuatro días en el que los comercios lanzan ofertas para atraer compradores.

 

Al interior de una tienda Sears, los departamentos de zapatería y de ropa son algunos de los más concurridos, en cambio, en el pasillo de perfumería las personas sólo acceden para recibir una pequeña muestra de loción en un pedazo de papel.

 

 

“Los perfumes son más que nada un producto de lujo, no va más allá de una necesidad básica”, dijo una trabajadora de la tienda.

 

Por esa razón, algunas las personas optan por un “3×2 en calzado para toda la familia”, o  por un 10% de descuento en la compra de un par de tenis o zapatos.

 

Sin embargo, a algunas personas se les borra la sonrisa de la cara cuando miran la etiqueta del producto. Al parecer, se han dado cuenta de que el valor de los productos se encuentra por encima de sus posibilidades. Por ello, algunos prefieren salir del lugar de forma discreta.

 

“La verdad es que sí ha venido gente. El Buen Fin atrae a muchas personas pero no siempre compran”, mencionó.

 

Este año se celebra la quinta edición de un evento que año con año busca reactivar la economía de nuestro país. Es cierto que no se compara con el Black Friday (Viernes Negro) de los Estados Unidos, el cual ha llegado a semiregalar mercancía a los compradores del vecino del norte. Pero de igual forma, en México se busca atraer al público aunque pasen como espectadores a las tiendas.

 

“¿Mañana sí voy a descansar?”, mencionó una trabajadora de Sanborns a su gerente mientras éste negaba su petición moviendo la cabeza.

 

Jóvenes y adultos aprovechan que por ahora los oficinistas aún no salen de trabajar. Respiran tranquilos, y con toda la calma observan los aparatos electrónicos, la ropa y hasta los libros.

 

dca