La estructura del Monumento a la Revolución de la Ciudad de México está lejos de lo que pretendía ser, la parte central de un ambicioso Palacio Legislativo, pero ahora, tras un abandono de décadas, ha conseguido la funcionalidad que nunca llegó a alcanzar como albergue de exposiciones culturales.

 

El llamado Paseo Estructura 1910 es el espacio que se ubica entre los cuatro pilares del monumento y la cúpula, coronada por una linternilla que se alza a casi 70 metros de altura.

 

Hasta hace unos años, los únicos que se adentraban en este espacio eran los ratones que correteaban por los escombros, pero después de 2010, cuando se celebró el centenario del inicio de la Revolución mexicana, se impulsó un proyecto para recuperar el lugar, dice a Efe Martha Contreras, gerente de Comunicación del monumento.

 

El paseo había quedado al margen cuando toda la construcción se reinterpretó en la década de los 30 para convertirla en el monumento que hoy en día preside la Plaza de la República.

 

En un principio, el proyecto contemplaba la creación de un ambicioso Palacio Legislativo que ocuparía 14.000 metros cuadrados y con el que se trazaría un eje en el mapa de la capital que conectaría el Legislativo y el Ejecutivo, representado por el Palacio Nacional del Zócalo.

 

Sin embargo, los fondos para el proyecto se interrumpieron por el estallido de la Revolución, y de la idea original solo quedó construida la parte central: una estructura de acero que veinte años después se transformó en el monumento.

 

El arquitecto que se encargó de reinterpretar el proyecto decidió no colar la estructura interior, sino resguardarla por unos gruesos muros paralelos, una decisión gracias a la cual hoy se puede transitar por el Paseo Estructura 1910.

 

Numerosas fotografías, modelados y alzados hicieron posible el rescate del espacio, que en un principio se adaptó para hacer recorridos arquitectónicos y ahora tiene una nueva vida como recinto de exposiciones.

 

Este mes, la estructura ha abierto al público sus dos primeras muestras. La primera es “Bajo la mira“, un conjunto de instalaciones creadas con rifles y balas de vidrio.

 

Entre estas instalaciones destaca la compuesta por 150 balas que simboliza las emboscadas que sufrieron Pancho Villa y Emiliano Zapata, así como otra que sitúa al visitante encima de una plataforma de cristal a través de la cual se pueden ver las entrañas del monumento a una vertiginosa altura de 21 metros.

 

“Bajo la mira” invita a observar “desde otra perspectiva” los rifles y las balas: “Están hechos de vidrio, un material muy frágil, transparente, puro, y una guerra es completamente lo opuesto”, relata Contreras.

 

Por otra parte, el espacio también acoge la muestra “La Revolución en el cine“, que mediante hologramas y proyecciones dispuestos en los recovecos de la estructura explica cómo la mexicana se convirtió en “la primera revolución filmada en el mundo”.

 

Basada en una colaboración con la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), esta exposición relata los inicios del cine en México.

 

Porfirio Díaz, señala Contreras, fue el primer mandatario de América Latina (1876-1911) en conocer el cinematógrafo, con el que se empezaría a retratar la vida política y cotidiana del país.

 

A lo largo de este año, el Paseo Estructural se irá perfeccionando, con la habilitación de otros espacios a los cuales el visitante todavía no tiene acceso. Esto permitirá aprovechar el espacio para acoger otras exposiciones.

 

“Queremos que el visitante sienta el monumento como un espacio contemporáneo en donde pueda aprender no solo de la historia, sino ver cómo el avance tecnológico puede facilitar la manera de entender la revolución y la arquitectura”, sentencia Contreras.

 

 

OR