La liga que muchos quisieron etiquetar o limitar a otro episodio del Pep vs. Mou, es tanto más que eso que hoy no sería raro que los dos gigantes de Manchester terminen peleando, codo a codo, con quijada apretada, pero apenas por un sitio en la ronda previa de la Champions League.

 

Esos tiburones que han gastado más que nadie en la historia para reforzarse y además contratar a los directores técnicos más reputados, viven con impotencia la escapada del Chelsea (13 victorias consecutivas), cuyo ritmo sólo es aguantado a cierta distancia por Liverpool; enredados en la ecuación de seis también aparecen los dos equipos del norte de Londres: Arsenal y Tottenham.

 

Así que, como pocas veces, debemos prestar atención a las palabras de José Mourinho. No mintió cuando en la pretemporada se refirió a la rivalidad con Guardiola diciendo: “En España las disputas individuales tienen un sentido porque pueden tener su influencia. En la Premier League, si yo me concentro en él y el Manchester City, y él en mí y el Manchester United, entonces llegará otro y ganará el título”. A río revuelto, ganancia de otro que estrenó timón en agosto, Antonio Conte, de tan fulgurante inicio en Stamford Bridge.

 

Algo parecido cuando un par de años atrás el portugués pretendía resaltar sus logros con el Chelsea por encima de los de Pep en Bayern y se refirió a que en Inglaterra es imposible coronarse en marzo como no resulta raro en la Bundesliga.

 

Más allá de si se siente mayor afinidad por uno de los estrategas o por sus respectivos equipos, la mejor de las noticias es que el protagonismo haya sido devuelto al terreno de juego. Los 22 vestidos de pantalón corto no son meras piezas de ajedrez ni, mucho menos, elementos manipulables con un control de video juego, tal como se llegó a pretender durante la parte más álgida del conflicto Mou-Pep en España. Son futbolistas y con sus yerros o aciertos, con su genio o frustración, deciden elevadísima parte del devenir de un cotejo.

 

Quien pretenda atribuir al entrenador más de 30% del mérito, estará exagerando. Incluso peor, el petulante que desde la banca pretenda efectuarlo, como si el script futbolístico tuviera una estructura tan fácilmente guionada y desarrollada.

 

Célebre por la cómica simplicidad de sus frases, el serbio Vudajin Boskov clamaba que él paraba muy bien a su once…, pero luego el árbitro pitaba el arranque y todos se le cambiaban de lugar.

 

Algo así en esta Liga Premier: ese hermoso torneo que sucede, que vibra, que sorprende mientras algunos se distraen en rivalidades personales; más hermoso y competitivo todavía a cuando, década y media atrás, se le pretendía limitar a un Ferguson vs Wenger.

 

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Alberto Lati

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