WASHINGTON. Estados Unidos inauguró su tradición de primeras damas con Martha Washington en 1789, incluso antes de que fuera construida la Casa Blanca, pero un triunfo demócrata convertiría a Bill Clinton en el “primer caballero” del país por primera vez en su historia.

 

El posible regreso de Bill Clinton a la Casa Blanca, uno de los presidentes más populares –y polémicos— de la era moderna, ha activado la imaginación y el humor de los estadunidenses, de la prensa, y del propio expresidente, reconocido lo mismo por su talento político que por algunos escándalos.

 

“Digamos que si una mujer fuera presidenta (…); yo podría ser llamado Adán”, bromeó Clinton poco antes de que su esposa Hillary Clinton anunciara en abril de 2015 su lanzamiento, por segunda ocasión, a la carrera para convertirse en la primera mujer presidenta de Estados Unidos.

 

Aunque la Presidencia de Clinton gozó de una mayor popularidad promedio que las de Ronald Reagan, Richard Nixon, Gerald Ford, James Carter o George W. Bush, el hecho de que fue centro de un juicio político por el escándalo Lewinsky ha desatado la guasa de los comediantes.

 

“Estoy alentado por el potencial de Bill Clinton como ‘primer esposo’”, ironizó el popular comediante político Steven Colbert. “Si fuera Hillary Clinton lo pondría a cargo de muchas tradiciones (…); de verdad, cualquier cosa para mantenerlo ocupado”, dijo.

 

Si Hillary Clinton triunfa en las elecciones del 8 de noviembre, uno de los primeros dilemas de Estados Unidos será en efecto la función y la designación oficial de William Jefferson Clinton, el presidente número 42 que gobernó al país de enero de 1993 a enero de 2001.

 

Entre los títulos posibles figura el apelativo de “expresidente Clinton” para evitar la confusión de quien sería “la presidenta Clinton”. Bill Clinton también podría ser llamado “primer varón”, “primer esposo”, “primer hombre” o “primer caballero”.

 

Laura Bush, la ex primera dama de Estados Unidos, votó a favor de que el cónyuge de una presidenta sea llamado “primer caballero”. Aunque hizo su declaración antes de que Hillary formalizara sus aspiraciones, ésta ya era mencionada como una fuerte prospecta demócrata.

 

Y la recomendación de Laura Bush para el “primer caballero” fue inequívoca: “No figures y cállate”.

 

Su consejo pareció ser dirigido especialmente a un “primer caballero” de la estatura y fama de Bill Clinton, toda vez que si este asume un rol protagónico, será catalizador de especulaciones de que se trata de su tercera Presidencia y no la primera de su esposa.

 

Y es que aún cuando la ola de mujeres presidentas en países como Alemania, Chile o Argentina, empieza a forjar una tradición de primeros caballeros a nivel internacional, quizá ninguno de los casos previos tiene un perfil tan alto como Bill Clinton a escala global.

 

Con su Fundación Clinton, que ha recaudado más de dos mil millones de dólares desde su fundación en 1997, Clinton es uno de los expresidentes más activos en la promoción de causas filantrópicas, especialmente a través de sus iniciativas en salud y cambio climático.

 

Orador consumado, Bill Clinton es también una de las estrellas en el circuito de conferenciantes del más alto nivel, una ocupación que lo ha convertido en multimillonario y que tendría que abandonar de llegar su esposa a la Casa Blanca.

 

Desde 2001 hasta inicios de este año, Bill Clinton y su esposa han cobrado 153 millones de dólares en tarifas por 729 apariciones personales, a un costo promedio de 200 mil dólares cada una, ante firmas financieras y otras corporaciones.

 

A raíz de la campaña presidencial de su esposa, Bill Clinton ha extendido su rol como defensor de las causas de su esposa y crítico de Donald Trump, aunque con ello se convirtió también en blanco de ataques en la recta final hacia las elecciones de noviembre.

 

La combinación única de factores que confluyen en la persona de Bill Clinton podría darle una nueva dimensión al papel del compañero de una presidenta en funciones.

 

Las primeras damas de Estados Unidos no tienen un rol oficial fijado en la Constitución del país. Por décadas cumplieron una función ceremonial y como anfitrionas en la Casa Blanca, por ser simultáneamente ésta la residencia oficial y la oficina del presidente.

 

Martha Washington no era conocida de hecho como “primera dama” sino como “Lady Washington” y su sucesora Abigail Adams era referida como “Lady Adams”. Fue hasta 1848 cuando el presidente Zachary Taylor aludió a su esposa como la “primera dama de nuestras tierras”.

 

En la era modera cada primera dama le ha dado un énfasis distinto. Nancy Reagan era conocida por el peso de su influencia en las políticas de su esposo, en tanto que Michelle Obama ha acentuado su papel como activista contra la obesidad y a favor de la actividad física.

 

Años después de haber dejado la Casa Blanca, Laura Bush se quejó que la prensa presta excesiva atención al peinado, el maquillaje y el vestuario de la primera dama en funciones. “Y no hay manera de evitar eso, quizás hasta que finalmente tengamos un ‘primer caballero’”, vaticinó.  dmh