En 1993, la Unión Europea fue pionera en enfrentar a un gran corporativo tecnológico como Microsoft, al entablar una disputa legal contra la compañía de Redmond, Washington, por considerar que se aprovechaba de su situación dominante en el mercado de sistemas operativos para empujar, por ejemplo, programas como su reproductor de archivos digitales, Windows Media Player. A esa noticia, que fuera de llamar la atención en aquella fecha por la decisión europea, y el tamaño de la empresa con la que se enfrentaba, siguió unos años después, un juicio similar en Estados Unidos, al considerar de igual forma, que esa situación dominante era aprovechada por Microsoft para ganar la guerra de los navegadores de internet, pues su producto Internet Explorer venía pre instalado (ahora todavía ocurre, aunque en su nueva versión llamada Edge y eso no ha repercutido en repartición de mercado), dentro de los equipos que utilizan el sistema operativo Windows.

 

A aquellas disputas, han seguido algunos otros casos donde la Unión Europea siempre ha tenido un rol protagónico. Una de las más recientes fue la demanda contra Google en Abril del 2015, por considerar que la compañía californiana igualmente se aprovecha de su situación dominante en el mercado de las búsquedas para favorecer sus propios productos; y más recientemente, la Unión Europea ha levantado la voz contra Netflix, a quien pretende obligar a que 20 por ciento del dinero que emplea para la producción de contenido propio, sea invertido en el viejo continente.

 

Unos días después de que la noticia fuera dada, escuché la versión mexicana de la queja en palabras de un conductor de radio especializado en la nota de escándalo, principalmente alrededor de la vida de las celebridades, quien palabras más, palabras menos, afirmaba que Netflix es una empresa ventajosa, que no invierte en México (ni en otros países), se consume buena parte del ancho de banda de las empresas proveedoras de conexión a internet, y simple y sencillamente, se dedica a extraer el dinero que obtiene de sus suscriptores.

 

La opinión, filtrando un poco la dosis de escándalo impresa en ella, puede tener algo de razón, pero también plantea un cuestionamiento filosófico en una era donde el libre mercado, guste o no, es la regla que opera casi en todo el mundo. Recuerdo que en México, hace algunos años, nos molestó mucho que países como Brasil o Argentina pretendieran poner obstáculos a la producción automotriz mexicana, protegiendo así los intereses de sus países. De alguna manera, la Comunidad Europea, ahora plantea una regulación similar.

 

Si miramos hacia atrás, a los ejemplos de Microsoft y Google expuestos, podemos ver lo común que es que en en industrias como las de Tecnologías de la Información e Internet, los monopolios se generen precisamente, gracias a la innovación. Precisamente, se vuelven dominantes por ser diferentes, disruptivos, y eso los hace apetecibles a la gran mayoría de los consumidores.

 

Quizá Netflix tendrá que ajustarse a lo que la Unión Europea hoy le pide. Parece justo. De lo que no estoy muy seguro es que la empresa estadounidense, como algunas otras tecnológicas, lleguen a estas situaciones por querer abusar del consumidor, sino precisamente por haberse metido en un terreno de innovación y por tanto, con falta de regulación.