Joy Division sonaba como Manchester: frío, disperso y, a veces, sombrío. Así describe Bernard Sumner (Salford, 1960) el sonido de la banda con la que diseñaría un nuevo sonido en el segundo lustro de los setenta. Uno que tomaba la actitud punk y la llevaba a parajes oscuros y profundos que reflejaban la realidad de una de las ciudades más industrializadas del mundo.

 

En su autobiografía, New Order, Joy Division y Yo (Sexto Piso, 2016), el guitarrista y vocalista no sólo repasa la carrera de estas dos bandas: también las circunstancias que llevaron a la definición del post punk a través de toda una era de transformaciones convulsas, sintetizadores, acid house y discotecas.

YO

 

La vida de Bernard está indudablemente ligada a un momento de crisis en una nación que buscaba alzarse tras ser destruida física y moralmente por una de las guerras más sangrientas en la historia de la humanidad. Algunos se preguntan sobre el lugar de origen del punk. Y si bien se puede afirmar que el sonido viene de Estados Unidos, la actitud combativa y rebelde —incluso la convicción política— viene del otro lado del Atlántico, en Inglaterra.

 

Imaginemos al pequeño Bernard: su madre, con una enfermedad cerebral que le arrancaba la movilidad de apoco; su padre, un desconocido (cliché de la sociedad británica de la posguerra). Estas condiciones llevaron a la progenitora a generar cierto resentimiento por su hijo.

 

La enfermedad de su mamá también provocó que, mientras aún era un adolescente, Sumner fuera adoptado, lo que detonó en él un nulo sentido de pertenencia. De pronto tenía que cambiar casa y apellido. Peripecias que a la larga terminan convirtiendo a un chico común y corriente en un gran artista.

 

A pesar de crecer en los barrios pobres de una ciudad hundida en el pesimismo, Bernard salió adelante. Conoció a unos chicos, locos, inconformes, con ganas de dominar al mundo y de salir de la rutina de las fábricas que se pretendía heredaran de la generación anterior.

La dolorosa muerte de Ian Curtis supuso el fin de una era para Bernard y el resto de sus compañeros: Peter Hook (bajo), Stephen Morris (batería) y Robert Rob Gretton (manager). Aparte claro de la pérdida para la música y el propio rock. La culpa se percibe en esta parte de su relato. Sumner cuenta que nadie le había puesto verdadera atención a las letras de Curtis, que se dieron cuenta de la confusión y depresión en la que vivía sólo después de su suicidio. Un arrepentimiento tangible a través de la tinta.

 

La vida de Joy Division fue corta. Dos discos —Unknown Pleasures (1979) y Closer (1980) — y un puñado de sencillos. Aun así, el guitarrista enumera un sinfín de historias que incluyen conciertos, fiestas y sesiones de grabación. Su testimonio es invaluable, no sólo por ser testigo y agente de cambio de una de las eras más productivas para la música independiente, sino por su cercanía con esa mente extraña y confusa que fue Curtis. Para Bernard Ian era una persona acomplejada por su enfermedad y dividida emocionalmente entre la madre de su hija y su compañera de andanzas.

NEW ORDER

 

Tras el funeral de Ian, el resto de integrantes de Joy Division se hicieron la necesaria pregunta: ¿continuamos? Y no había otra respuesta: Sí.

 

A pesar de que lo natural parecía ser seguir haciendo música juntos, no les parecía correcto seguir usando el mismo nombre. Después de terminar de grabar las canciones pendientes y de lanzar el video de Love Will Tear Us Apart, canción que escalaba rápidamente en las listas de popularidad, y una vez cerrado el ciclo de Joy, y convencidos de no querer dejar de tocar pues no querían volver al trabajo obrero, adoptaron el nombre que los acompañara actualmente: New Order.

 

Para Bernard este fue éste un tiempo de incertidumbre. Adaptarse a la vida sin su querido amigo y encontrar una nueva dinámica en la forma de trabajo de la banda fue bastante complicado. La presión de la prensa era muy dura. Sumner describe al periodismo de la época como vil y vengativo pues, incluso antes del lanzamiento de algún sencillo, ya lo acusaban de colgarse de la fama de Curtis.

 

Estos años críticos son descritos a detalle. Para Sumner fue una de las experiencias más difíciles de su vida. Quizá sea por eso que el primer disco de New Order, Movement, sea el que menos le gusta; admite haberlo escuchado un par de veces después de grabarlo, aunque nunca le provocó el orgullo que sí tiene de sus trabajos posteriores.

 

New Order, Joy Division y yo es uno de los trabajos mejor documentados sobre el post punk y no es para menos. A pesar de tener los relatos periodísticos de Simon Reynolds, siempre es mejor conocer la historia contada por los protagonistas. Una oportunidad para volcarse sobre las raíces y los fenómenos que se juntaron para dar vida a una generación inglesa que transformó la música para siempre.

jr