RÍO DE JANEIRO. La sustitución de la presidenta Dilma Rousseff por su vicepresidente, Michel Temer, quien asumió esta tarde como presidente interino hace que el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), la mayor fuerza política del país, asuma por tercera vez la jefatura de Estado sin haber vencido nunca unas elecciones presidenciales.

 

La decisión del Senado de apartar del cargo a Rousseff por 180 días, plazo que tiene para decidir si la destituye, coloca nuevamente en el sillón presidencial a un partido que, pese a su gigantesca fuerza, nunca tuvo candidato presidencial competitivo.

 

Es precisamente su tamaño, que lo convierte en una federación amorfa y heterogénea que cobija bajo el mismo manto a grupos de diversas ideologías e importantes “caciques” de todas las regiones, lo que le impide ser competitivo en elecciones presidenciales, coinciden analistas consultados por EFE.

 

El PMDB, una formación de centroderecha, ya gobernó Brasil en otras dos oportunidades, cuando vicepresidentes miembros del partido sustituyeron a los presidentes.

 

José Sarney (1985-1990), hasta hoy uno de los principales líderes de la formación, llegó al cargo cuando Tancredo Neves, de quien fue compañero de fórmula como vicepresidente, murió poco antes de asumir.

 

Itamar Franco (1992-1994), también elegido como vicepresidente, sustituyó al hoy senador Fernando Collor cuando renunció a la presidencia presionado por un escándalo de corrupción.

 

Temer, elegido vicepresidente de Dilma Rousseff tanto en 2010 como en 2014 en su condición de presidente del PMDB -lo que le garantizó al partido siete ministerios en el Gabinete hasta hace sólo un mes- será el tercer “pemedebista” en asumir la Presidencia.

 

El partido con mayor número de gobiernos regionales y municipales en el país, así como con las mayores bancadas en el Senado y la Cámara de Diputados, sólo ha presentado dos veces candidatos a la jefatura del Estado para elecciones directas desde que fue fundado en 1980, y en ambas ocasiones sufrió humillantes derrotas.

 

En 1989 disputó las primeras presidenciales tras la dictadura (1964-1985) con Ulysses Guimaraes, pero el veterano político, pese a ser uno de los más destacados opositores al régimen militar, tuvo que conformarse con un séptimo lugar, con el 4.73% de los votos (3,2 millones).

 

La segunda y última vez fue en las presidenciales de 1994, cuando Orestes Quércia fue el cuarto más votado, con apenas el 4.38% de los votos (2.7 millones).

 

El PMDB no lanzó ni apoyó ningún candidato en las presidenciales de 1998 ni en 2006. En 2002 presentó a la senadora Rita Camata como compañera de fórmula del socialdemócrata José Serra, derrotado en segunda vuelta por Luiz Inácio Lula da Silva, y en 2010 y 2014 a Temer como vicepresidente en la fórmula de Rousseff.

 

“El PMDB tiene muchos líderes regionales e intereses dispares, así como una gran complejidad, lo que le impide ponerse de acuerdo en un candidato propio a la Presidencia”, dijo a Efe el analista político José Luiz Niemeyer, coordinador de postgrados en el centro universitario Ibmec.

 

Para este analista, por su heterogeneidad y las rivalidades internas, así como por su sed de cargos y su necesidad de mantenerse en el poder, para el PMDB siempre fue más fácil negociar alianzas que postular candidatos propios.

 

Según el analista político Carlos Pereira, de la Fundación Getulio Vargas (FGV), el PMDB ha preferido el papel de principal aliado de un Gobierno, lo que le garantiza una gran tajada de poder, antes que correr el riesgo de perderlo todo en una elección presidencial.

 

Por eso, el partido siempre ha estado en el poder desde que Brasil recuperó la democracia y ha tenido representantes en los gabinetes de Collor (1990-1992), Itamar Franco (1992-1995), Fernando Henrique Cardoso (1995-2003), Lula (2003-2011) y Rousseff (2011-2016).

 

Según los analistas, la formación ha integrado esas diferentes coaliciones oficialistas gracias a su vocación para el clientelismo, el caciquismo, la corrupción y otras prácticas asociadas a la “politiquería” criticada por los millones de brasileños que marcharon contra el Gobierno en los dos últimos años.

 

A cambio de darle mayorías al gobierno de turno en el Congreso, el partido ha ocupado preferencialmente los ministerios responsables por grandes obras públicas o millonarias inversiones, como Minas y Energía, propicios para los desvíos.

 

Algunos de sus apadrinados en Petrobras son los principales protagonistas del gigantesco escándalo en la petrolera estatal y varios de sus legisladores figuran entre los procesados en la mayor investigación por corrupción en la historia de Brasil.

 

Entre los “pemedebistas” implicados destacan los presidentes de la Cámara de los Diputados, Eduardo Cunha, y del Senado, Renan Calheiros, así como algunos dirigentes que podrían integrar el Gabinete de Temer, como el senador Romero Juca.

 

La decisión del PMDB en marzo de romper con el Ejecutivo y alinearse a la oposición que impulsaba el juicio político contra la mandataria terminó balanceando el proceso contra Rousseff.

 

Detrás del PMDB y de Temer, que abiertamente negoció en las últimas semanas la composición de su Gobierno, se fueron varios partidos conservadores que hasta entonces apoyaban a Rousseff.