BRASILIA. La medida cautelar que suspendió el mandato del Presidente de la Cámara de Diputados por haber supuestamente dificultado las investigaciones de la trama de corrupción de Petrobras, ha quitado del medio al personaje más incómodo de la crisis brasileña, cuya destitución es exigida a gritos por el gobierno y la oposición.

 

Cunha fue suspendido de sus funciones como diputado, y por tanto de la presidencia de la Cámara Baja, por una decisión del juez Teori Zavascki, uno de los once miembros del Tribunal Supremo. Zavascki se respaldó en la denuncia realizada por el fiscal general, Rodrigo Janot, quien resaltó que, además de recibir sobornos de la corrupción, Cunha también usó su cargo para obstruir la Justicia y hacer negocios con empresarios que le pagaban para que interfiriera por la aprobación de medidas en el Parlamento.

 

Durante la sesión en el Supremo, Zavascki detalló minuciosamente los supuestos hechos delictivos cometidos por Cunha, uno de los casi 50 investigados por la trama corrupta de Petrobras, de la que habría obtenido unos 5 millones de dólares que ocultaba en unas cuentas secretas en bancos suizos.

Según la Fiscalía, Cunha se valió de su cargo para “uso personal e ilícito” y evitar así que investigaciones abiertas contra él “lleguen a buen término”.

 

Cunha es actualmente el segundo en la línea sucesoria del Estado, pero habría podido escalar la semana próxima al primer lugar si el Senado decide abrir un juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff, quien en ese caso sería sustituida por el vicepresidente Michel Temer.

La Constitución brasileña le reserva al presidente de la Cámara de Diputados la potestad de aceptar una denuncia contra el jefe de Estado y eso hizo Cunha a fines del año pasado, cuando un grupo de juristas vinculado a la oposición acusó a Rousseff de unas maniobras fiscales irregulares en los años 2014 y 2015.

 

Cunha, del hasta entonces oficialista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que lidera Temer, había anunciado unos meses antes su decisión de pasar a engrosar las filas opositoras y su apoyo a las fuerzas políticas que trabajaban por la destitución de Rousseff.

Según esos cargos, ya aceptados por el Supremo, que inició un proceso penal contra Cunha a principios de este año, el presidente de la Cámara de Diputados obtuvo al menos cinco millones de dólares de la red de corrupción que operó en la estatal petrolera y tenía ese dinero oculto en unas cuentas secretas en bancos suizos.

 

Cunha fue útil a la oposición para poner en marcha el trámite que puede acabar con el mandato de Rousseff, y ahora, cuando se empieza a consumar el proceso, ha sido sacado del tablero por una medida cautelar que no parece tener enemigos en el Tribunal Supremo.