Hewitt y su legado

Alberto Lati

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Dos títulos en 20 años de participaciones en Grand Slam no hacen justicia a la dimensión del personaje que se retiró este jueves en el Abierto de su país, Australia.

 

Para comprender la relevancia y el legado de Lleyton Hewitt, acaso haga falta escuchar con atención lo que de él han aseverado las raquetas más laureadas de los últimos tiempos. Roger Federer, con quien tuviera una dilatada rivalidad, del que es contemporáneo y al que venció en casi todos sus primeros enfrentamientos, le agradecía por todo lo que regaló al tenis. Novak Djokovic le explicaba que el tenis lo extrañara y resaltaba su aportación a este deporte. Rafael Nadal confesaba que fue una gran inspiración para su juego y mentalidad.

 

Evidentemente esos dos Grand Slams de Hewitt (US Open 2001 y Wimbledon 2002), parecen poca cosa si se comparan con los 41 ganados entre los tres personajes arriba mencionados. Y, sin embargo, sus palabras de homenaje dicen demasiado. El mismo David Ferrer, quien lo eliminó en su partido del adiós, concedía que el australiano representó un espejo y un ídolo en su carrera.

 

Lleyton Hewitt | Foto: Reuters

Declaraciones muy emotivas para alguien que, por todo lo demás, en su pasión guerrera a menudo tocó límites controversiales e incluso desquiciantes para el rival. Aquel grito de Come on!, característico e infaltable cuando Lleyton jugaba, en muchas ocasiones tuvo como complemento discusiones, descalificaciones, protestas. Siempre al límite, en su misma despedida tuvo un altercado con el referee al llamarlo “idiota” y decirle que “se siente muy importante”.

 

No obstante, si a Hewitt se le recordará no será solamente por esa competitividad que a veces rayaba en la grosería y por esas emociones siempre desbordadas, sino por lo que modificó este deporte. Según los expertos, para tener hoy tenistas tan completos como Federal o Djokovic, debió de existir alguien como Hewitt, capaz de convertir su defensiva en ataque y viceversa, capaz de ser rápido y a la vez estratégico, capaz de dominar tantas facetas del juego, capaz de elegir siempre el tiro ideal. En definitiva, capaz de ser un tenista más consumado, más total.

 

Precoz en sus logros, deja para la posteridad esa marca de haber sido el más joven en llegar al número 1 de la ATP (lo consiguió con veinte años y medio). Eso y una imagen de ebullición, con la gorra para atrás, el gesto de desafío y el grito que llegaba a empalagar en su reiteración: Come on! Come on!! Come on!!!

 

Dos torneos grandes, demasiadas polémicas y una realidad irrefutable: que Lleyton Hewitt se va de un tenis distinto respecto al que lo recibió en 1998. Y que parte de ese cambio ha sido su culpa.

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