PARÍS. Todo poder está destinado a decepcionar y el socialismo francés no fue la excepción. Desempleo, crecimiento estancado, quiebre profundo en el seno del gobierno, desencanto colectivo y, por encima de todo, derrumbe escandaloso de la figura presidencial, factores aprovechados por  la líder del ultraderechista Frente Nacional (FN), Marine Le Pen, quien volvió a arremeter contra el gobierno del presiente François Hollande al pedir la disolución de la Asamblea Nacional de Francia para “darles la palabra a los franceses” y se consideró preparada para gobernar el país al opinar que el ascenso del “movimiento patriótico”, según los sondeos, es irreversible.

 

Le Pen mantuvo el habitual tono crítico e irónico de sus discursos en la clausura de la universidad de verano de las juventudes del FN y arremetió contra la política de Hollande.

 

“Disolver la Asamblea sería la primera decisión responsable de Hollande desde mayo de 2012”, afirmó en la localidad de Fréjus, en el suroeste de Francia, e insistió en que el estado del país es “catastrófico” y subrayó que son los franceses, y no los inquilinos del Elíseo, quienes sufren las consecuencias.

 

Le Pen llegó a esta cita aupada por los buenos resultados de las últimas encuestas, que avanzan que, en caso de que hubiera elecciones anticipadas, superaría a todos los potenciales candidatos de izquierda y derecha en la primera vuelta y lo haría también en la segunda si el oponente fuera Hollande.

 

Las elecciones al Senado del próximo 28 de septiembre, en las que se renovará la mitad de los escaños, serán en su opinión “capitales para enviar un mensaje fuerte al gobierno”, que según ella “ya no engaña a nadie con sus trucos de ilusionismo”.

 

Le Pen dijo dirigirse a esa “Francia silenciosa que sufre la precariedad, el desprecio de las élites”, e instó también a abandonar “el museo de los horrores en que se ha convertido la UE” y a evitar someterse a sus órdenes y a las de la canciller alemana, Angela Merkel.

 

La representante del FN se mostró confiada en volver a “sorprender” en las elecciones del Senado y destacó que el respaldo a su partido supone recuperar “los intereses de los franceses y de Francia”, para evitar también la situación registrada en los países vecinos.

 

“Miren a los jóvenes griegos, a los españoles, a los italianos. ¿Creen que eligen partir? El exilio es forzado. Escuchen a la juventud española: ‘No nos vamos, nos echan’. ¿Creen que es una situación deseable para Francia?”, concluyó.

 

Mientras tanto, el primer ministro francés, Manuel Valls, advirtió en Bolonia (norte de Italia) del “golpe terrible, fatal”, que significaría para su país y para Europa la eventual victoria electoral de la extrema derecha de Marine Le Pen.

 

“Sería un golpe terrible, fatal no solo para Francia sino para la Europa de la libertad si ganara la extrema derecha en un país fundador de la Unión Europea”, dijo Valls.

 

El jefe del gobierno francés aludió al “peligro del populismo” al analizar la situación que atraviesan los partidos de izquierdas en Europa y los retos a los que se enfrentan los que, como el suyo, ejercen el gobierno.

 

Pidió a la izquierda europea que se “reinvente” y aseguró que tiene que “abandonar los dogmas”, antes de añadir: “Necesitamos una revolución en la manera de hacer la política”.

 

Valls, que incluyó por error alguna palabra en español en su discurso leído en italiano, estimó que “la izquierda que gobierna es la que es capaz de seriedad en materia de las cuentas públicas, pero no a cualquier precio” y aseguró: “Somos de izquierdas y estamos a prueba de la realidad”.