Hace dos semanas, en Tepatitlán, Jalisco, se registró uno de los peores enfrentamientos entre policías y sicarios que duró casi cuatro horas y dejó tres agente muertos.  La revisión del armamento decomisado reveló que, al menos una granada, estaría vinculada a un traficante estadunidense al que la fiscalía de Arizona dejó en libertad y permitió que continuara con sus operaciones.

 

La cadena CBS News reveló ayer lo anterior con base en el “Reporte de incidente importantes” del Departamento de Justicia de Estados Unidos, en el que además se afirma que miembros del Cártel de Jalisco Nueva Generación fueron de los beneficiados.

 

De confirmarse que las granadas de Kingery han aparecido en eventos como el tiroteo en Jalisco, sostuvo la CBS, sería un caso similar a “Rápido y Furioso”, que implementó la ATF y que permitió el traslado de armas a México, a las que les perdieron la pista.

 

En el tiroteo de Jalisco se localizaron 10 explosivos, uno de ellos sería una granada Kingery, así identificada por el nombre del traficante, Jean Baptiste Kingery Moisson, quien en 2010 fue detenido por los agentes de la oficina de Alcoholo, Tabaco y Armas de Fuego (ATF) en Arizona, tenía en su poder 116 cascos para armas granadas.

 

Confesó entonces, publicó en 2011 el periódico The Wall Street Journal, que compraba componentes de granadas provenientes de Estados Unidos y en una casa de seguridad en México construía los artefactos explosivos, que entonces vendía al cártel de la Familia Michoacana y a quienes también ayudó, dijo, a convertir rifles semiautomáticos en metralletas tipo militar.

 

Una fuente, sostuvo el diario, había revelado que Kingery tenía en su poder material para construir dos mil granadas.

 

A pesar de la confesión y las pruebas, el asistente del fiscal en  Arizona, Emory Hurley, rehusó acusar a Kingery, refiriéndose a que las granadas eran “juguetes inofensivos” y no sería un caso sólido ante el jurado. Este caso provocó que el Congreso iniciara entonces una investigación.

 

De acuerdo con la información publicada por el periódico estadunidense, se habría permitido que Kingery continuara con sus operaciones para seguirlo, en una operación coordinada con autoridades mexicanas, pero ambas le perdieron la pista. Reapareció hasta 2011, cuando la Policía Federal lo detuvo en Mazatlán, Sinaloa, en lo que era su fábrica de armas y tenía material para construir por lo menos 500 granadas.

 

Tanto “Rápido y Furioso” como este caso, influyeron en la salida, hace dos años, del director de la ATF, Kenneth Melson y del fiscal de Arizona, Dennis Burke.