Es fácil buscar culpables y achacar errores cuando algo ha ido mal. En todo caso, el mérito hubiera radicado en detectarlo antes. Como quiera que sea, por primera vez en muchos años el Barcelona se vio verdaderamente superado y anulado en un partido, con tan mala suerte que fue contra su acérrimo rival, el Real Madrid, en nada menos que la semifinal de Copa del Rey y en un específico momento en el que no disponía de su entrenador.

 

El Barça había comenzado esta temporada de forma espectacular. Los temores por la salida de la dirección técnica de Josep Guardiola desaparecieron pronto. Si cabe, que es mucho decir, el equipo se desempeñaba todavía mejor con el sucesor y antiguo asistente de Pep, Tito Vilanova. Su primera vuelta fue de récord, con victorias sobre todos los rivales, salvo el Madrid que logró arrebatarle un empate. El andar en Liga de Campeones y Copa del Rey parecía igual de sólido (sí, algún susto en la ida contra el Málaga, pero todo compensado con demoledora reacción cuando ésta fue necesaria): el mejor cuadro blaugrana de la historia elevaba todavía más su propio listón, que es ya también techo para todos en el mundo.

 

Tito Vilanova, sin embargo, debía dejar el equipo por unas semanas para continuar su tratamiento contra el cáncer en Nueva York. Según revela la prensa catalana, los líderes del plantel barcelonista (Xavi, Puyol, Messi, Iniesta) apoyaron la idea de dejar en el timón al inexperto asistente de Tito, Jordi Roura, y juntos hacer navegar esa embarcación hasta que el capitán volviera.

 

¿Ejercicio de arrogancia? Para algunos sí. Hasta el mejor plantel de todos los tiempos (si no, díganme cómo calificar a un colectivo que incluye a siete titulares del campeón del mundo más el mejor del planeta) necesita liderazgo fuera del campo. Asumir que por tener tan brillantes y conjuntados jugadores no hace falta un estratega, es asomarse, cual si fuera barranco, a la soberbia.

 

¿Única solución? Tampoco es fácil determinar cómo hubiera cambiado la dinámica del Barcelona si arriba un director técnico provisional, no habituado a tan consumadas y comprobadas rutinas locales. Habría tenido que ser alguien familiarizado con el plantel y la cultura futbolística blaugrana, capaz además de imponer pronto respeto, lo cual no es sencillo para el líder que pretende serlo de forma transitoria y que, sabe, pronto se irá. El asunto es que también esta solución encerraba profundos riesgos.

 

El problema del Barcelona era extremo, pero la directiva decidió apostar por un remedio que no fuera extremo y en un principio esto funcionó (o así pareció) de manera cabal. Cuando algo empezaba a torcerse, había que esperar que Messi o Iniesta agarraran la pelota y destrabaran lo trabado, que tampoco luce como recurso remoto o inviable.

 

Una vez que el Madrid ha desnudado al Barça eliminándolo de la copa, los dedos acusadores van hacia el interino Roura, lo cual a todas luces es insensato. Su posición era difícil: mantener el alto estándar recibido por su superior, ejercer cual cabeza sin serlo, pasar por una de las etapas más rudas de la temporada (rondas definitivas en copa y Champions League), intentar dirigir al mismo tiempo que recibe alguna indicación vía telefónica desde Nueva York y, al cabo de unas semanas, devolver el lujosísimo coche en perfecto estado y aspirando a conquistar todos los trofeos.

 

Hoy se sabe que la apuesta barcelonista fracasó. Hoy incluso se especula que de no existir semejante ventaja en el torneo de liga, los catalanes podrían fácilmente verse superados. Hoy ha desaparecido algo de la fe bizantina que inspiraban estos jugadores y la confianza se ha escondido en algún lugar del Camp Nou. El trabuco se convirtió en equipo previsible, domable, incapaz de reaccionar a una emergencia estratégica o a una de esas circunstancias inevitables que suceden en los grandes partidos.

 

¿Y si Messi hubiera estado a su máxima dimensión? ¿Y si Messi mismo mete la que tuvo al primer minuto de partido y no entró por poco? ¿Y si el joven Varane no salva al Madrid en el partido de ida? ¿Y si Cristiano Ronaldo no concede tan celestial actuación? Más para las conjeturas, pero el devenir habría podido ser diferente y hoy, Messi-dependencia al margen, nadie se atrevería a criticar la decisión barcelonista de ceder el timón al segundo de Tito y esperar a flote su vuelta.

 

Es fácil asegurar que ningún ejército podría coronarse sin general, cuando Messi, o el propio Iniesta, han demostrado que como solitarios cabos en ofensiva sí llegan a acabar con cuanto enemigo aparezca. Pasa que Messi dejó de dar su mejor nivel coincidentemente cuando el Barcelona quedó acéfalo.

 

Este fin de semana habrá otro clásico que no supone la habitual emoción. El Madrid dio por perdida mucho tiempo atrás la liga y lo lógico es que administre esfuerzos de cara al cotejo de Champions contra el Manchester United del martes próximo. Por su parte, el Barcelona, tiene exactamente diez días para recomponerse a fin de poder dar su mejor cara el 12 de marzo contra el Milán, también en Liga de Campeones.

 

La misión no es accesible: anotar dos veces para empatar (o tres para ganar) siempre y cuando los milanistas, tan especialistas como el Madrid en contragolpear, no hagan gol… Y todo ello, en medio de esta crisis de confianza y de liderazgo.

 

Hoy, cuando lo más sencillo y simplista es juzgar, se sabe que el Barça cometió un error. ¿Qué hubiera hecho usted? ¿Asumir que el mejor plantel de la historia puede sin director técnico o arriesgarse introduciendo un ente ajeno y provisional en una dinámica tan consumada?

Alberto Lati

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