La toma del poder en varios municipios michoacanos por grupos de autodefensa civil, es el equivalente político y jurídico a un golpe de Estado en un microsistema de gobierno. No hay alcaldes que administren presupuestos, ni den servicios a la comunidad o tomen las decisiones que les competen. Hoy, paramilitares hacen esas funciones en al menos seis municipios cuyo instrumento inhibidor son fusiles de asalto. Pero con todo lo que significa esta afrenta a las instituciones, no es lo más grave que sucede en Michoacán. No porque no lo sea, sino porque solucionar la inestabilidad sin restablecer la gobernabilidad, es ir a un callejón sin salida.

 

Michoacán tiene lustros de vivir en la zozobra. El deterioro social, político y económico terminó con 12 años de gobiernos del PRD y votó por que el PRI regresara al poder. Fausto Vallejo ganó la elección en noviembre de 2011 y de acuerdo con políticos expertos en los temas michoacanos, desperdició la oportunidad para reconstruir su estado al establecer una alianza con el ex gobernador Leonel Godoy, quien dejó una deuda de 38 mil millones de pesos –la más grande de los estados-, y un déficit de 10 mil millones. Heredó de su antecesor Lázaro Cárdenas Batel un estado infectado de cárteles de la droga, y lo dejó convertido en un campo de batalla, que llevó a los michoacanos a vivir el momento más angustiante de su historia.

 

El artífice de ese acuerdo fue Jesús Reyna, a quien nombró secretario de gobierno, por medio de uno de los hermanos de Godoy, con quien creció y estudió. La alianza, dijeron los políticos, abrió frentes con la senadora Luisa María Calderón, que perdió la gubernatura ante Vallejo pese a los recursos que inyectó el gobierno de su hermano el ex presidente Felipe Calderón, y con el coordinador de la bancada del PRD en el Congreso, Silvano Aureoles, que acusa a Godoy de traición al haberse aliado con el PRI para evitar el triunfo de la panista—ante el supuesto temor que profundizara la persecución contra él.

 

El equilibrio con esa alianza, que era muy frágil, se alteró cuando Vallejo pidió licencia en mayo pasado para atender una enfermedad renal. De acuerdo con los políticos que entienden de Michoacán, al asumir Reyna el cargo como interino, sintió la presión de esa alianza mediante imputaciones de corrupción, y comenzó el deslinde de su anterior jefe. Reyna hizo cambios en las áreas de seguridad y justicia y económicas del gabinete, que tocó los intereses económicos del gobernador, algunos de los cuales relacionados con su hijo Rodrigo. Los conflictos políticos internos se acentuaron.

 

Reyna se acercó al secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, para trabajar en la gobernabilidad, un esfuerzo que se interrumpió por el deseo de Vallejo de regresar a la gubernatura tras su asombrosa recuperación de las operaciones. El retorno de Vallejo al poder en octubre pasado provocó la molestia de Reyna, quien aparentemente tenía el compromiso de que sería ratificado como gobernador, y se fue durante varios días para, dijo, tomar unos días de descanso. Las presiones de la Secretaría de Gobernación para que regresara y ayudara a limpiar las cañerías en el estado, lo llevaron de vuelta -a regañadientes-, a la secretaría de Gobierno estatal. La situación desde que regresó Vallejo empeoró en Michoacán, con pérdidas reales de territorio en manos de grupos paramilitares y la contaminación generada por la senadora Calderón al afirmar que representantes de Los Caballeros Templarios fueron recibidos hace un mes en el Senado.

 

La senadora identificó a dos ex funcionarios del gobierno de Cárdenas Batel como miembros de ese Cártel al cual pertenece el medio hermano del exgobernador, Julio César Godoy, actualmente prófugo, con lo cual no son únicamente el PRI y Vallejo quienes están sometidos a la presión pública, sino a esa rama del PRD que tiene, además, vínculos políticos estrechos con algunos sectores en el gobierno federal. Dentro de la Secretaría de Gobernación, de acuerdo con los políticos consultados, estiman que se puede alcanzar aún la gobernabilidad con Vallejo y Reyna encabezando la estrategia.

 

Sin embargo, la cadena de acontecimientos en Michoacán en los últimos meses, que agudizó su deterioro con el regreso de Vallejo, sugiere que no podrá haber gobernabilidad en Michoacán si no se sustituye definitivamente a Vallejo como gobernador y se construye un gobierno de coalición con el PAN y el PRD para recuperar el estado. Un nuevo andamiaje político es lo que requiere ahora Michoacán, no soluciones militares o policiales contra los criminales y paramilitares. Soluciones extraordinarias para problemas extraordinarios. De otra manera, todo será efímero salvo la putrefacción en la que se encuentra el estado.