El gobierno de Ucrania confirmó un ataque ruso en una torre de televisión en Kiev.
Foto: Archivo  

En este tiempo de profundo sufrimiento y angustia en el mundo, es a Nuestro Señor a quien dirigimos nuestra mirada con esperanza y nos abandonamos humildemente a su amoroso cuidado, para implorarle que toque los corazones e ilumine las almas, para que con su gracia encontremos el camino de la Paz. 

Hemos de ser capaces de observar el dolor ajeno y contemplar cuántas familias han tenido que evacuar sus casas, sus lugares de trabajo han sido destruidos y, por ende, han perdido su forma de solvencia; en otros casos algunos de sus seres queridos han muerto por los ataques, o bien, cuántos niños han tenido que separarse de sus padres para ser refugiados en otras residencias o incluso países para que puedan sobrevivir. Nuestro Señor Jesucristo confía que cada uno de nosotros no permanezcamos ajenos al sufrimiento, sino que hagamos un examen de conciencia de lo que podemos hacer para ayudar, principalmente con nuestra oración, obras de misericordia y ayuno. 

En este tiempo de Cuaresma que inició el pasado miércoles de Ceniza, estamos llamados a experimentar una trasformación en el corazón, para cambiar de nuestras personas todo aquello que nos aleja de Dios, será así como iremos desarrollando la empatía para con los otros, pero también la conciencia de que el pecado cometido individualmente afecta a los otros de manera universal. 

No perdamos el tiempo en divisiones innecesarias, en malos entendidos, en falta de perdón y de comprensión, mejor miremos a nuestro alrededor y, al contemplar a nuestros familiares y amigos, reconocer en ellos que también hay sufrimiento, fatigas, sueños no realizados, entre otros, pero que sólo esperan ser escuchados y comprendidos para poder ser capaces de perdonar y sanar. 

Comencemos entonces desde nuestros hogares y círculo social, para poder unir nuestra oración por aquellos países que más necesitan la paz. Juntos podremos mover con la oración, el ayuno y la penitencia a la misericordia del Padre, al pedirle a Nuestro Señor Jesucristo que envié a su Espíritu Santo a mover el entendimiento y los corazones de aquellos que creen que la única solución para cualquier conflicto es hacer la guerra. 

Hacemos un llamado a los fieles católicos y ortodoxos a unirnos en oración en la “Jornada ecuménica de oración por la paz”, especialmente por la paz entre Ucrania y Rusia, este 9 de marzo a las 12:00 p.m., que ha organizado Terra Sancta México, junto con Magdala, Catholic.net, Zenit, Regnum Christi, Desde la fe, la Conferencia del Episcopado Mexicano, el Observador de la actualidad y Unión de voluntades. 

Podrás ver la transmisión aquí.

 

La conducción del Rosario será realizada por Ana Paula Morales, directora de Terra Sancta México, quien es la coordinadora y una de las organizadoras de la “Jornada ecuménica de oración por la paz”; y por Estrella Baz, miembro de Regnum Christi. Los misterios del Rosario serán presididos por: el Canónigo Juan Castillo, desde la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe; las monjas de la Visitación en Paray-le-Monial, en Francia; Lilian Santos, CRC, desde Roma; Katleen Nichols, CRC, desde Jerusalén; Pbro. Antonio Vatseba, sacerdote greco católico, Provincial del Instituto del Verbo Encarnado en Ucrania. 

Para las oraciones y mensajes sobre la paz estarán presentes de manera especial los siguientes obispos mexicanos y un obispo maronita: Mons. Ramón Castro Castro, Secretario de la Conferencia del Episcopado Mexicano; Mons. Rodrigo Aguilar, Presidente de la Comisión Episcopal para el diálogo Interreligioso y comunión; Mons. Alberto Meouchi, de la Eparquia Maronita de México; Mons. George Saad Abiyunes, Obispo de la Eparquía Maronita de México; el Padre José Eduardo Roja, Secretario Ejecutivo de la CEDIC. 

Para el rezo del Himno Akáthistos y la oración de Jesús se contará con la participación del Archimandrita Nektariy Hajji-Petropoulos de la Iglesia Ortodoxa Rusa en México, el Rev. Padre Hieromonje Kristorfor, Hieromonje Arseniy, quienes dirigirán las oraciones rezando con fieles rusos y ucranianos en el Monasterio de la Santísima Trinidad, perteneciente a la Iglesia Ortodoxa, en Ciudad de México. 

LDAV