El relevo avanza terso y por consenso.

 

Terso porque todo se facilita desde Palacio Nacional o a través de mensajeros de cuya capacidad de gestión nadie duda.

Y por consenso porque la instrucción nace de la voluntad presidencial y la acepta quien debe ejecutar los compromisos durante, se da por hecho, su gobierno.

O sea, es una acción concertada entre Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum, como dan referencias muchos testigos e involucrados. 

El primer hecho del que Teléfono Rojo tuvo noticia se publicó el 6 de octubre del año pasado: Clara Brugada visitó al jefe del Ejecutivo y le pidió apoyo para ser candidata en la Ciudad de México.

 Lo recibió.

 

Fue el principio de la frustración para Omar García Harfuch, a quien la candidata presidencial le ordenó dejar la Jefatura de la Policía capitalina para ir en pos de la postulación morenista.

 El resultado todos lo vimos, encuestas al margen.

  

POSICIONES POR VOTOS

 

Hoy las negociaciones buscan gobernabilidad.

 

Claudia Sheinbaum habla con todos los actores, y entre ellos los empresarios son interlocutores trascendentes, para buscar acuerdos y asegurar su apoyo.

 

No van mal las pláticas.

 

Tampoco con otros grupos como los sindicalistas, porque con ellos se llegan a entendimientos de conveniencia: preservar sus liderazgos y posiciones políticas a cambio de promoción entre los agremiados y sus votos.

 

Ese apoyo sí se ve, como se veía en las campañas del más rancio priismo.

 

Si la candidata oficial va a tierra minera, en sus actos proselitistas estará el sello de Napoleón Gómez Urrutia y el sindicato heredado por su padre Napoleón Gómez Sada.

Si acude a zonas de refinería y extracción, no tiene problema porque el expriista Ricardo Aldana ya le juró amor sincero y le aglutinó a la cúpula del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana.

Y así con las demás organizaciones: el sindicato del Gobierno capitalino, de Salud y de todas las secretarías de Estado, entre las cuales destaca por agremiados el SNTE de Alfonso Cepeda.

 

UNA FACULTAD INSIGNIA

 

La Facultad de Derecho de la UNAM tendrá nuevo director a más tardar el 3 de abril.

 

O directora, si como se señala es designada Sonia Venegas Alvarez, académica de mucha fama y a quien todos los auditorios le quedan pequeños cuando se anuncian conferencias suyas.

Ella o difícilmente otro candidato recibirá el plantel conducido durante ocho años por Raúl Contreras, quien aspiró a rector de la Universidad y terminó por ceder sus tres votos en la Junta de Gobierno a Leonardo Lomelí Vanegas.

 

Es una facultad insignia:

 

Hace ocho años apenas figuraba en la lista mundial y era octava en América Latina, donde ahora ocupa el primer lugar.

Encontró una institución con casi 200 casos de abogados recién titulados pese a nunca haber asistido a clases ni a la universidad.

 

La mesa de firmas no existía y hoy opera a plenitud.

 

Otro dato elocuente: nunca dejó de dar clases durante la pandemia de Covid y tampoco fue tomada por porros o manifestantes inconformes, tarea en la cual tuvo papel relevante la negociación de la fiscalista Venegas Alvarez.

Son apuntes para desmentir a los críticos de la UNAM y a quienes la descalifican por supuestamente haberse derechizado.

 

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de 24 HORAS.