No hay que ir muy lejos para tratar de encontrar alguna explicación al golpe electoral en Argentina en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales que le dieron la victoria al opositor Javier Milei, sobre todo porque en la primera vuelta el peronismo de Sergio Massa se había colocado en una cómoda primera posición.

Las primeras evaluaciones indican un exceso de confianza en el grupo peronista, sobre todo por su capacidad de movilización a través de las principales organizaciones obreras que fueron controladas por el general Juan Domingo Perón cuando fue ministro del Trabajo en 1943 y se ofreció como el líder político de los trabajadores.

Sin embargo, los datos duros de Argentina presentaron tres evidencias que explicaron el hartazgo social y sindical contra la incapacidad del peronismo: una tasa de 0% de crecimiento promedio anual del PIB en los últimos siete años que revelaba la nula creación de empleo y el crecimiento del sector informal, la inflación promedio de 70% en los últimos ocho años y el desorden en el tipo de cambio.

Si el peronismo se había construido en torno a una ideología laboral, el modelo de sindicalismo argentino nunca le dio espacios de decisión real a los jefes sindicales y a las agrupaciones de trabajadores.

Perón regresó a Argentina en 1973, con 78 años, se encontró un país dividido entre la burocracia política, la falta de credibilidad de los liderazgos sindicales y la violencia política de los jóvenes revolucionarios piloteados por la guerrilla de los Montoneros, además de que el general duró menos de un año en la presidencia porque murió sin poner orden en el país.

El grupo peronista de Carlos Menem terminó hundido en la corrupción y el bloque peronista de Néstor y Cristina Kirchner también se ahogaron en denuncias de irregularidades con el presupuesto, sin que hubiera existido alguna iniciativa política que pudiera atender el alto costo social de la crisis económica.

A boca de urna, la mayoría de los argentinos votó contra Perón.

Zona Zero

  • Aunque estaba cantada con anticipación, la salida de Nicaragua de la comunidad de la Organización de Estados Americanos le está generando conflictos a Estados Unidos en la gestión de relaciones políticas en la región, no tanto porque la OEA fuera importante, sino más bien por la interpretación política sobre la falta de liderazgo y control geopolítico de la Casa Blanca sobre su patio trasero al sur del Río Bravo.

 

(*) Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.

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