¿Con qué derecho alguien bloquea una carretera por más de 35 horas? Quizá con el de un fuero malentendido y el de una soberbia desbordada que se traduce en impunidad.
Por horas un grupo de supuestos mineros a las órdenes de Napoleón Gómez Urrutia secuestraron una de las vías de comunicación más importantes de Sonora, una carretera de suma importancia comercial para la entidad; fueron los integrantes de la extinta sección 65 de Cananea quienes violaron la ley y se adueñaron del libre tránsito de pobladores y comerciantes en nombre de una supuesta lucha obrera.

Qué tiempos estamos viviendo donde los mexicanos pagamos mensualmente el salario de un senador que lo único que hace es delinquir, inhibir la economía, asustar las inversiones y desestabilizar el empleo con violencia. Sí, todos y todas le pagamos a Napoleón Gómez Urrutia para que se sirva del poder y lo utilice a su conveniencia.

Napillo lleva más de 20 años usando a los mineros, a las comunidades y al Gobierno para librar batallas legales ligadas a juicios penales. Lo inaceptable es que ahora lo hace con la protección del fuero, es decir, hace lo que quiere porque se siente intocable, sabe que por más que haga, mínimo en año y medio no irá a parar a la cárcel.

Aquí le informamos al propio Napillo que el Gobierno preparaba un nuevo laudo en contra del sindicato minero por el robo de los 55 millones de dólares pertenecientes a los compañeros de Cananea, pero casualmente, cada vez que esto sucede, a Napillo y a su séquito de golpeadores les da por protestar, por armar paros o bien iniciar riñas so pretexto de la lucha sindical, la realidad es que lo hace porque él cree que así al Gobierno le temblará la mano y no lo condenaran al pago.

Para muestra un botón: a finales de abril un pequeño grupo de Gómez Urrutia decidió impedir la entrada a trabajar a cerca de tres mil trabajadores de la mina La Herradura; no permitieron que las y los trabajadores cobraran su salario, pusieron en riesgo el empleo ajeno y secuestraron la mina durante 15 días. Prácticamente nadie los apoyaba, pero los Napillos le hacían la jugarreta a los trabajadores, a los comerciantes que viven de la actividad minera y al propio Gobierno local y federal.
Días después, otro grupo apareció, en Monclova, Coahuila, ahí Napillo ordenó que se apoderaran a la fuerza del contrato colectivo de una empresa, intentaron tomar la sede sindical de otra organización.

Los coahuilenses los señalaron de violentos y de desestabilizar la economía de la zona. Hoy la presencia de los Napillos persiste en el lugar y cada vez que quieren arman un enfrentamiento.
Gómez Urrutia se mete donde nadie lo llama y no le importa pasar por encima de todos, incluso de quienes llama amigos o bien de quien lo ayudó a regresar a México después de huir de las órdenes de aprehensión por el robo de los 55 millones de dólares. Napillo afectó directamente a Morena por sus acciones desmedidas en Monclova, en esta entidad necesitaban de la empatía de la gente para lograr la gubernatura de Coahuila y a él no le importó.

Y finalmente, ya lo decíamos, puso en jaque al Gobierno morenista de Sonora al escalonar esa jornada violenta a Cananea, donde colapsaron el entronque de la carretera Cananea-Imuris, culpando de esta acción a la falta de respuesta, dijeron, del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Napillo siempre ha mordido la mano de quien le da de comer, se da el lujo junto con su esposa de insultar a quien le da la gana, siguen creyendo que el fuero es eterno y que se extiende a toda su familia.

 

      @CarlosPavonC