Irlanda
Foto: AFP. | La disputa de Irlanda del Norte ha estado llena de odio, sangre y discriminación desde hace 100 años polarizando a su población.  

Irlanda del Norte se encuentra en medio de la incertidumbre luego del triunfo en las elecciones regionales del partido Sinn Féin, exbrazo político del Ejército Republicano Irlandés (IRA) que promueve la reunificación de toda Irlanda y la separación definitiva con el Reino Unido.

Lo anterior podría romper con los acuerdos de paz del Viernes Santo, que en 1998 pusieron fin a tres décadas de sangriento conflicto entre republicanos y unionistas, movimientos que se identificaron, principalmente, por sus inclinaciones religiosas: católica y protestante, respectivamente.

La historia del conflicto entre republicanos católicos y unionistas protestantes se remonta a 1921, cuando se acordó la partición de la isla irlandesa luego de la guerra de independencia de Irlanda, iniciada en 1919, para separarse de Gran Bretaña.

De esta partición surgió Irlanda del Norte, cuya población se vio dividida en una mayoría de protestantes, quienes apoyaron la unión con el Reino Unido, y una minoría significativa de católicos, nacionalistas a favor de la reunificación de Irlanda.

Durante años, los católicos noirlandeses sufrieron discriminación por parte de la mayoría protestante, quienes instauraron un sistema electoral diseñado para asegurar la permanencia de los unionistas en el gobierno, lo que representó menos oportunidades laborales y puestos administrativos para los católicos.

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En 1968, un movimiento católico inspirado en la lucha de la comunidad afroamericana encabezada por Martin Luther King en Estados Unidos, se levantó para protestar en contra de la discriminación sufrida durante años, al cual se le conoció como la Asociación por los Derechos Civiles de Irlanda del Norte (NICRA).

Lo anterior, dio lugar para que Irlanda del Norte atravesara uno de los periodos más sangrientos en su historia, los Troubles: el conflicto armado entre católicos republicanos y protestantes unionistas cuya espiral de violencia se extendió durante tres décadas.

El domingo 30 de enero de 1972 sería marcado como una de las fechas más oscuras del conflicto, cuando en el barrio católico de Bogside, Londonderry, soldados británicos abrieron fuego contra los manifestantes de una marcha pacífica, dejando un saldo de 14 muertos. A este día se le recuerda como el Bloody Sunday (Domingo Sangriento).

La paz llegaría a Irlanda del Norte el 10 de abril de 1998, cuando los representantes de Londres y Dublín, así como de los republicanos y unionistas, acordaron un reparto de poder entre protestantes y católicos, en el histórico acuerdo del Viernes Santo, terminando así un conflicto de 30 años que dejó más de 3 mil 500 muertos, según datos de la Universidad de Ulster.

No obstante, con la reciente victoria del Sinn Féin, el sector unionista junto al Reino Unido ven amenazado el acuerdo del Viernes Santo, al temer que las ideas separatistas de los republicanos recobren fuerza en el país tras obtener la mayoría de escaños en el Parlamento por primera vez, tras 101 años.

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NUEVAS TENSIONES

Las tensiones se reanudaron esta semana entre Londres y Bruselas por el «protocolo de Irlanda del Norte», creado para evitar el regreso de una frontera física en la isla de Irlanda tras el Brexit y preservar el Acuerdo de Paz de 1998.

Según los términos de este controvertido acuerdo, la región británica de Irlanda del Norte se mantiene de facto dentro del mercado único europeo, lo que implica efectuar controles aduaneros a las mercancías que llegan procedentes del resto del Reino Unido, una solución que indigna a los unionistas norirlandeses, apegados a su pertenencia a la corona británica.

El protocolo norirlandés es uno de los principales focos de tensión entre la Unión Europea y el Reino Unido. Este último exige que se renegocie en profundidad.

Londres amenaza con suspender unilateralmente algunas disposiciones, lo que hace temer una guerra comercial entre los antiguos socios.

Tras meses de calma antes de las elecciones locales en Irlanda del Norte, el primer británico Boris Johnson volvió a amenazar el martes con una acción unilateral, afirmando que el protocolo es «insostenible en su forma actual».

Bruselas replicó su renegociación «no es una opción».

Según el diario The Times, la ministra británica de Relaciones Exteriores, Liz Truss, está estudiando tomar medidas la próxima semana, incluyendo suspender la obligación de inspeccionar las mercancías que llegan a la región procedentes del resto del Reino Unido.

Londres quiere también que se suprima el derecho otorgado al Tribunal de Justicia de la UE para supervisar su aplicación, sustituyéndolo por un arbitraje internacional.

 

SLF