ARTE
Foto: Especial / La semana pasada, la Agencia de Aduanas de Finlandia confiscó un gran número de obras de arte propiedad de varios museos, incluido el Hermitage de San Petersburgo  

La guerra en Ucrania y las consecuentes sanciones impuestas a Rusia no solo causan estragos en la economía mundial. Hoy, su impacto ha alcanzado de forma integral el transporte, la alimentación y la cultura… tanto la propia como la ajena.

La semana pasada, la Agencia de Aduanas de Finlandia confiscó un gran número de obras de arte propiedad de varios museos, incluido el Hermitage de San Petersburgo.

Pero la retención de obras podría ser tan solo la forma más reciente de una práctica común durante la guerra: el saqueo y la destrucción del patrimonio cultural.

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Ni bien comenzó la “misión especial” de Vladímir Putin, en Ucrania se pusieron en marcha los mecanismos para evacuar civiles, enviar ayuda y proteger las ciudades. De entre todos los voluntarios hubo quienes se encomendaron a salvaguardar su arte, el otro gran tesoro de la guerra.

MOTOR DE LA SEGUNDA GUERRA

En la historia, el saqueo de obra y riqueza durante los enfrentamientos armados pudo resultar una labor más bien transitiva, pero durante la Segunda Guerra Mundial pasó a formar parte de la estrategia de conquista y “borrado cultural” que ejecutó el nazismo alemán.

Adolfo Hitler -quien se convirtió en la figura principal del Tercer Reich después de ver frustrada su carrera artística (fue rechazado por la Real Academia de Bellas Artes de Viena)-, tenía un sueño, e hizo que la ocupación de su ejército en Europa trabajara para cumplirlo.

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El führer planeaba construir el Museo de Arte de Linz, concebido para exhibir una colección que concentrara la obra de todos los grandes maestros en el centro histórico de su ciudad natal. La forma de lograrlo fue mediante las incautaciones “justificadas”, la compraventa, o directamente la expoliación, una operación que además fue calificada como “crimen de lesa humanidad” en la Carta de Londres de 1945.

Hoy, expertos estiman que el saqueo de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial ronda las 600 mil obras de arte. Algunas, como una pieza al pastel de bailarinas de Degas, o el “Retrato de un hombre joven”, de Rafael, aún no han sido recuperadas. Pero no todas fueron extraídas para ser expuestas “dignamente”, muchas fueron subastadas a bajo costo o quemadas después de exhibirse en una especie de “salón de la vergüenza” destinado al “arte degenerado”, donde se colocaron obras de artistas como Max Ernst, Franz Marc, Paul Klee y Marc Chagall.

MÁS PÉRDIDAS PARA UCRANIA

Conforme pasaron los días en Ucrania, tras el anuncio del 24 de febrero de Vladímir Putin, mandatario ruso (sobre su “operación especial militar”), surgieron fotografías de esculturas cubiertas completamente por telas contra incendios y costales a forma de barricada para protegerlas de los ataques de Moscú.

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En Lviv, la ciudad donde el ejército ruso abrió fuego contra una de las principales plantas de combustible, fue gracias a la iniciativa del director de la sociedad para la Protección de Monumentos, Andriy Saliuk, las donaciones de particulares y el apoyo de voluntarios, que se logró proteger el legado cultural, en ese momento bajo fuego.

Esculturas, vidrieras de la basílica, y altares de sitios reconocidos por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) como patrimonio mundial fueron cubiertos y puestos bajo resguardo en el marco del conflicto.

Pero no todo el acervo ucraniano ha tenido la misma suerte. Durante los primeros días de la invasión, el ataque a la localidad de Ivankiv, al noroeste de la capital, destruyó el Museo de Historia local, donde se encontraba la obra de Maria Prymachenko, una representante del arte naif que llegó a ser inspiración de personalidades como Pablo Picasso.

En Mariúpol, una ciudad portuaria clave para la avanzada del Kremlin, también fue destruido el Museo de Arte Arkhip Kuindzhi, que tenía en su acervo cerca de dos mil obras, entre pinturas, esculturas y gráficos.

Pero fue después del ataque a la Catedral de la Asunción, la Academia de Cultura de Járkov, y otros edificios históricos importantes que la UNESCO llamó a la implementación del “Escudo azul”, un distintivo respaldado por la convención de La Haya de 1954 que pretende apartar los sitios protegidos de cualquier ataque deliberado durante el conflicto. Esto con la intención de salvaguardar, en la medida de lo posible, patrimonio como la Catedral de Santa Sofía, en Kiev, y el Centro Histórico de Lviv.

TAMBIÉN SANCIONAN EL ACERVO

La guerra también alcanzó a sus perpetradores, ahora, incluso Rusia ve el impacto de la guerra en su cultura. Como parte de la presión que occidente trata de imponer para propiciar una desescalada y el alto al fuego, las sanciones impuestas no se han quedado en lo económico y lo comercial.

La semana pasada, el organismo aduana de Finlandia informó sobre la incautación de tres cargamentos de obras de arte, equivalentes a casi 46 millones de dólares, según la aseguradora, propiedad de museos rusos como el Hermitage.

Hoy, las obras que habrían sido prestadas a Italia, Japón y Francia, y que estaban siendo devueltas cuando fueron interceptadas en la frontera, finalmente han llegado a su destino, en el célebre museo de San Petersburgo… al menos la mayoría.

El martes, el gobierno francés declaró que los dos cuadros que fueron parte de una exposición en París permanecerán bajo su resguardo “hasta que la situación en el país permita devolverlo con seguridad”, según declaró el Ministerio de Cultura.

El saldo de un conflicto que tiene al arte ucraniano y ruso en riesgo aún no está definido. Putin advirtió este martes 12 de abril que la invasión continuará… de forma “armoniosa”.

LEG