Nadie podría dudar de la seriedad y rigor de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), dependiente de la ONU. En dos estudios diferentes, ambas concluyen que los niveles de pobreza en México tendrán este año un fuerte incremento debido a la crisis económica derivada de la pandemia del Covid-19.

Uno de los saldos más dramáticos de la propagación del SARS-CoV-2 y de la falta de una estrategia consolidada para asistir a las empresas en dificultad se traducirán en millones de mexicanos que ingresarán a las filas de la miseria.

Curtis Huffman y Héctor Nájera, investigadores de la UNAM y pertenecientes al Programa Universitario de Estudios del Desarrollo, advierten que, si se toman en cuenta la línea de ingreso calculada por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), entre febrero y mayo de este año, 16 millones de mexicanos se sumaron a la categoría de pobres extremos. Ello presupone que el número de personas que no están en condiciones económicas de adquirir la canasta básica pasó de 22 a 38 millones de ciudadanos.

Ayer, la Cepal hizo un ajuste sobre sus cálculos en materia de crecimiento económico en América Latina y el Caribe para este año. En el caso de nuestro país, apunta el organismo encabezado por la mexicana Alicia Bárcena, la caída del Producto Interno Bruto alcanzará un 9%, en lugar del -6.5% previsto en abril pasado.

El impacto de esta drástica desaceleración del crecimiento se traducirá en al menos 9.6 millones de mexicanos que entrarán a los rangos de pobreza extrema y pobreza moderada. Si se toma en cuenta la última medición a cargo del Coneval, la cual arrojó que, al corte bianual de 2018,  41.9% de los mexicanos se encontraban en esta situación, con los datos arrojados por la Cepal, la cifra podría representar para fines de este año 49.5%, es decir la mitad de la población.

Dos alarmantes previsiones que deberían generar preocupación en las filas gubernamentales y llevar a la política social impulsada hasta hoy por otros derroteros. Si bien la pandemia no puede atribuirse a ninguna autoridad, sí la responsabilidad de enfrentarla y paliar sus efectos, en este caso el impacto en materia de pobreza que habrá de registrarse a fines de este catastrófico 2020.

Cosas del destino. Desde hace lustros, tanto en campaña como en el ejercicio del poder, Andrés Manuel López Obrador no ha cejado en señalar que, “por el bien de todos, primero los pobres”. Será justo al Presidente que prometió acabar con este flagelo al que los números le crecerán. Se impondrá, entonces, la disyuntiva de mantener las políticas asistencialistas que lo han caracterizado o poner en marcha una profunda estrategia de reactivación económica con el concurso de todos los sectores productivos.

Segundo tercio. Los niveles de pobreza venían en una trayectoria descendiente. De acuerdo con el Coneval, entre 2014 y 2016, este índice disminuyó en un 3.5%, para sumar 53.4 millones de personas. Entre 2016 y 2018, se redujo a 52.4 millones de habitantes en esta condición.

Tercer tercio. En año electoral, ¿qué es lo que prevalecerá, asistencialismo o responsabilidad económica para impulsar un relanzamiento de la actividad productiva?

 

                                                                                                                  @EdelRio70