Foto: Reuters Mujeres se hacen cargo de una funeraria en Harlem, en Nueva York, donde se han registrado más de 15 mil decesos; en EU suman 37 mil.  

Una funeraria de Harlem tiene 48 cuerpos en el sótano: 40 están en cajas de cartón listos para la cremación, mientras que los ocho restantes están refrigerados, a la espera de ser embalsamados o enterrados… pasarán semanas o meses antes de que eso ocurra.

Cuando los funcionarios de salud comenzaron a enterrar a las víctimas de Covid-19 en una fosa común en Hart Island, durante la peor semana de muertes en Nueva York, las cuatro mujeres de International Funeral & Cremation Service comenzaron a rechazar los cuerpos. El grupo comenzó a sentir que estaba fallando. Ellas creen que una persona debería obtener lo que quiere en la muerte.

“Ese es nuestro trabajo”, admitió Lily Sage Weinrieb, “¿quieres seis limusinas pintadas de rosa? Hecho. Pero ahora decimos: ¿quieres una cremación, un entierro? Lo siento, no es posible, no podemos”.

“Se nos dice que somos héroes por estar en la primera línea”, agrega, “pero siento que le estoy fallando a las familias todos los días”.

En la primera línea de la pandemia de coronavirus, las enfermeras y los médicos se ocupan de mantener a la gente con vida. Pero también están quienes cuidan a los muertos, que temen infectarse y morir. Debido a que ciudades como Nueva York nunca fueron diseñadas para disponer de tantos muertos, su llamado a prestar servicio durará mucho más.

Jenny Adames no recuerda el primer cuerpo que rechazó por la pandemia, pero sí recuerda el primero que la hizo llorar. Un hombre llamó, cada hora, al menos cuatro veces en un día, por un amigo muerto en un hogar de ancianos.

“Necesito ayuda”, le dijo, “no quiero que lo arrojen a una fosa común”. Nada pudo hacer.

 

LEG