El luto invadió las calles de Palmarito Tochapan a cuatro días del enfrentamiento con militares, al igual que la ira en contra de las autoridades estatales y el Ejército.

 

 
Este domingo, entre mariachis, una ceremonia eclesiástica y exigencias de que no vuelva la milicia a su localidad, despidieron a tres habitantes y un menor de edad de 17 años, cuatro de los seis abatidos en el operativo, donde también murieron cuatro elementos de la Sedena.

 

 
“Estamos con el mismo dolor”, dicen los deudos en esta junta auxiliar del municipio de Quecholac, ubicado a una hora de la capital poblana.

 

 
Muestran las manos una y otra vez. “Tócalas, son de campo, son de gente trabajadora”, repiten hasta que el llanto cesa.

 

 
“No somos delincuentes”, “somos gente trabajadora”, “no somos huachicoleros”, “la gente está enojada”, “si vuelven, nos vamos a defender”, aseveran las voces que acompañan a los familiares de las personas fallecidas el miércoles de la semana pasada, después de un operativo en la zona por robo de combustible.

 
Un grupo de cuatro niños lleva la foto al frente de un ataúd blanco y otros tres cafés, mientras esperan a la entrada de la Iglesia, ubicada en el centro de la comunidad.

 

 
Las cajas de madera destacan por los grabados dorados de la Virgen de Guadalupe en las tapas. Las coronas de flores no caben en la iglesia y, por falta de espacio, las colocan una a una afuera del Zócalo, mientras la gente se reúne para escuchar la misa dominical en el atrio.

 
Durante la ceremonia, cinco bebés son bautizados frente a los féretros. “No se dejen bajar el autoestima, demuestren cuál es el verdadero Palmarito Tochapan, ese que exporta verduras a otros estados, a otros países. Gente trabajadora”, pronuncia el párroco de la localidad durante la misa.

 
Las oraciones de luto  pronto se convierten en reclamos. Los arreglos funerarios que llevarán al panteón, ubicado al norte de la junta auxiliar,  tienen sobre sí cartulinas fluorescentes con frases similares a las mantas que cubren la presidencia auxiliar, los accesos a la comunidad y las paredes de la misma iglesia.

 
“Palmarito está de luto”, rezan los mensajes. “No somos delincuentes”, se lee a las afueras de la comunidad.