La salud física y mental de las personas permanece sin afectación al adelantar una hora el reloj para el horario de verano, señaló el director del Instituto Mexicano de Medicina Integral de Sueño (IMMIS), Reyes Haro Valencia. Estudios realizados en distintos países, entre ellos México, no han aportado evidencia de que el cambio de horario motive el surgimiento de trastornos de sueño o empeoramiento de éstos en personas que ya los padecen, indicó.

 

 

El cuerpo humano tiene mecanismos de adaptación que se localizan en el cerebro, los cuales se activan para ubicar todos los ritmos fisiológicos al nuevo horario.

 
Se trata del reloj biológico que regula los biorritmos entre los que destacan los ritmos circadianos, que ocurren cada 24 horas como el ciclo sueño-vigilia”, refirió. Detalló que esta función adaptativa es la misma que se activa para ajustar la fisiología y actividades después de cada fin de semana y vacaciones.

 
Expuso que la mayoría de las personas suelen acostarse y levantarse tarde viernes y sábado, con lo que se desfasa su ritmo circadiano de una a tres horas, entonces el domingo intentan dormir temprano sin lograrlo. Ello, explicó, ocurre debido a este desplazamiento en sus horarios, provocando con ello el malestar del domingo por la noche y la consecuente dificultad para levantarse el lunes, así como de regresar al horario de entre semana para trabajar o ir al colegio.

 
Planteó que el lunes se torna un poco difícil para el desempeño diurno y puede haber muchos bostezos, fatiga, malestar, irritabilidad, somnolencia y mayor consumo de sustancias estimulantes de uso habitual como las bebidas con cafeína.

 
El martes ya suele recuperarse el ritmo habitual, mismo que volverá a desajustarse el siguiente fin de semana, y volverá a reajustarse el siguiente martes. Reyes Haro mencionó que ese es un ejemplo de cómo unas horas en el cambio de ritmos no afectan de manera importante. Finalizó que la adaptación a nuevos horarios se logra, en promedio, en 72 horas.