MADRID. La dimisión del líder socialista, Pedro Sánchez, derrotado hoy en el Comité Federal de su partido, abre paso a un nuevo Gobierno en España, toda vez que el actual lleva en funciones más de nueves meses.

 

Los representantes del sector crítico del PSOE, aquellos que han logrado forzar la salida de Sánchez, son partidarios de que el grupo socialista se abstenga en el Parlamento para que el conservador Mariano Rajoy, a quien le faltan seis diputados para la mayoría absoluta, pueda formar Gobierno.

 

El ex secretario general anunció personalmente su retirada después de que el Comité Federal, órgano de dirección del partido, votara contra su propuesta de celebrar unas elecciones primarias y un congreso extraordinario.

 

Este mismo comité nombrará de inmediato una comisión gestora cuyo único objetivo será conducir al partido a un congreso federal que renueve los órganos de dirección del PSOE

 

Sánchez, que perdió la votación por 133 votos frente a 107, pidió públicamente unidad en el partido, prometió apoyar a la nueva Comisión Ejecutiva, encargada de aplicar las directrices del Comité Federal y se mostró orgulloso tanto de “militar en el Partido Socialista” como de haber mantenido sus “firmes convicciones”.

 

A las puertas de la sede del PSOE, en la céntrica calle madrileña de Ferraz, un numerosos grupo de personas, la mayoría socialistas partidarios del ya ex secretario general, reaccionaron ante su dimisión con gritos de “Pedro, Pedro” mientras algunos de los miembros de la dirección salían llorando a la calle.

 

El cónclave del PSOE, que continuaba a última hora de la noche, fue tan tenso durante todo el día que no faltaron gritos, graves acusaciones y hasta insultos entre los dos bandos enfrentados.

 

El sector crítico llegó a reunir firmas para presentar una moción de censura contra Sánchez, pero su gesto fue desestimado por la mesa del Comité Federal, que alegó razones estatutarias.

 

Por su parte, la Comisión Ejecutiva –en funciones desde que el miércoles pasado dimitiera casi la mitad de sus miembros– colocó a media tarde una urna para votar la propuesta de Sánchez, que consistía en celebrar elecciones primarias el 23 de octubre y un congreso extraordinario en noviembre.

 

La votación empezó pero fue suspendida entre acusaciones de “pucherazo” y “fraude” por parte de los críticos, que se negaron a participar en ella.

 

La bronca reunión socialista empezó por la mañana con cuatro horas de retraso porque no había acuerdo sobre el orden del día, sobre quién podía votar qué y sobre otras cuestiones puramente reglamentarias.

 

Sánchez había advertido la víspera, el vieres por la noche, de que dimitiría de su cargo si el Comité Federal tumbaba sus propuestas, que implicaban mantener el “no” a Rajoy y, muy probablemente, la celebración de unas terceras e indeseadas elecciones generales.

 

Este sábado se ha consumado la crisis más grave en la historia moderna del PSOE, un partido que ha gobernado España 21 de sus 39 años de democracia.

 

La caída de Sánchez se ha producido porque los críticos han considerado que su Ejecutiva ya no representaba al partido; porque han creído que no era posible el “gobierno alternativo” que esperaba liderar el ya exdirigente socialista y, en fin, porque le han responsabilizado de las cuatro elecciones, dos generales y dos regionales, perdidas en menos de un año. JMS