El anuncio de Charlie Sheen de que es portador del virus del Sida se une al de muchos famosos que al reconocer públicamente la enfermedad contribuyeron a acabar con el tabú que la rodeaba. Hace ya 30 años, Rock Hudson se convirtió en el primer símbolo de lucha contra este mal.

 

Era 1985 y el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (Sida) empezaba a ser un problema de alcance mundial por su alta tasa de contagio y de mortalidad, debido a la falta de medicamentos eficaces, pero debido a su origen incierto el silencio se imponía para hablar de la enfermedad.

 

El primero en romper ese tabú fue Rock Hudson, que en julio de aquel año reconoció públicamente que un año antes le habían diagnosticado ser portador del virus y haber desarrollado la enfermedad.

 

El anuncio fue una bomba mediática ya que el reconocimiento de Hudson era a la vez la confirmación de un secreto a voces, el de que el actor era homosexual, algo que nunca había reconocido.

 

En aquel momento se consideraba que el virus solo se podía transmitir por mantener relaciones homosexuales o vía intravenosa al utilizar jeringuillas para administrar drogas, aunque después se supo que las formas de contagio eran mucho más amplias.

 

En cualquier caso, el anuncio de Hudson, que moriría apenas unos meses después de hacerse pública su enfermedad -el 2 de octubre de 1985- y sus últimas imágenes, en las que aparecía demacrado y son restos del porte y la belleza que le hicieron famoso, hicieron más por la concienciación pública que cualquier iniciativa gubernamental.

 

Fue un momento de inflexión a partir del cual la gente empezó a darse cuenta del enorme peligro de contagio de un virus que hasta entonces se creía limitado a poblaciones marginales.

 

Tras el anuncio de Hudson y su fallecimiento, los casos entre famosos se multiplicaron al mismo ritmo que entre la población anónima.

 

El fotógrafo Robert Mapplethorpe falleció en 1989 a consecuencia de complicaciones de salud derivadas del Sida y un año después una revista sensacionalista estadunidense anunció que Anthony Perkins, el mítico protagonista de Psicosis padecía la enfermedad, que le causó la muerte en 1992.

 

Un año antes, en 1991, se conocieron otros dos casos que conmocionaron a la opinión pública.

 

Por un lado, el jugador de baloncesto Earvin Magic Johnson, toda una leyenda de la NBA, reconoció en noviembre de ese año que tenía el VIH pero que no había desarrollado la enfermedad.

 

Johnson se retiró del baloncesto y decidió consagrar su vida a luchar contra esta enfermedad, como parte de la Comisión Nacional de Estados Unidos sobre el Sida, escribiendo libros y aprovechando cada oportunidad para concienciar de la importancia de la prevención, protección y detección.

 

Tras reconocer que era portador, las pruebas de detección del Sida se dispararon en Estados Unidos, con un aumento en las primeras semanas de hasta el 60%.

 

El jugador regresó brevemente a las canchas, en la pretemporada de 1992-93, pero decidió retirarse definitivamente sin llegar a participar en partidos oficiales.

 

Y también en 1991 hubo otro caso muy conocido, el del cantante británico Freddie Mercury, líder del grupo Queen, fallecido a los 45 años.

 

Mercury anunció en un comunicado que tenía Sida el 23 de noviembre y falleció a consecuencia de la enfermedad tan solo un día después, cinco años después de que le hubieran diagnosticado la enfermedad.

 

En aquel momento la lista de famosos fallecidos por el virus ya empezaba a ser larga. Entre ellos, el coreógrafo y director teatral Michael Bennett, conocido por el musical A Chorus line; Brad Dabis, protagonista de Midnight Express (El expreso de medianoche); el realizador Tony Richardson o el actor Denholm Elliot.

 

En enero de 1993, otro fallecimiento destacado, el de uno de los más grandes bailarines de la historia, el ruso Rudolf Nureyev, que padecía Sida desde 1984.

 

Un mes después, el tenista estadounidense Arthur Ashe, primer deportista negro ganador del torneo de Wimblendon, y en junio, el puertorriqueño Héctor Lavoe, una de las figuras más respetadas de la salsa.

 

Y dentro del deporte, otra noticia que cayó como un jarro de agua fría fue el hecho de que el doble campeón olímpico de salto Greg Louganis anunciara en 1995 que era portador de Sida. Lo dijo siete años después de haber participado en los juegos de Seúl, en los que tuvo un accidente, se golpeó la cabeza y sangró abundantemente en la piscina.

 

Otro fallecimiento que sorprendió fue el del escritor Isaac Asimov, el gran divulgador de la literatura científica. Lo que llama la atención en su caso es que murió en 1992 pero pasaron 10 años hasta que su viuda reconoció que había sido por el Sida, contraído en una operación quirúrgica.

 

Una larga lista de rostros conocidos fallecidos por una enfermedad que ya ha acabado con la vida de alrededor de 39 millones de personas y cuyo virus portan en la actualidad 35 millones, según los datos de ONUSIDA.  DM