Washington. La economía global no enfrenta “una guerra de divisas”, pero sí se han visto “las primeras escaramuzas”, con la inesperada decisión de China de devaluar el yuan como parte de un “panorama lleno de riesgos” debido a la “extremada diversidad” de políticas monetarias, aseguró Kaushik Basu, economista en jefe del Banco Mundial (BM).

 

A juicio del economista y profesor de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, no se trata sólo de China, cuya decisión de devaluar el yuan sorprendió a todo el mundo esta semana, pues hay “una situación de extrema diversidad de políticas monetarias” que ha “exacerbado este riesgo”.

 

Basu remarcó que “hay grandes economías que están todavía inyectando liquidez. La zona euro lo está haciendo, también Japón y Suecia, mientras que Estados Unidos está tratando de restar liquidez”.

 

La Casa Blanca y el Tesoro estadunidense han insistido en la necesidad de que Pekín avance hacia un modelo cambiario marcado por el mercado y han criticado al yuan como una divisa “manipulada” por las autoridades chinas.

 

Los economistas han alertado sobre los problemas que generaría una dinámica de devaluaciones competitivas, como se vio en la década de 1930, una espiral que tendría efectos desastrosos para la economía global.

 

Basu apuntó a la gran decisión monetaria anticipada para este año, la subida de tipos de interés por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos, la primera en nueve años, un ajuste monetario que dada la importancia del dólar tendrá implicaciones globales, ya que es de esperar una mayor apreciación de la divisa estadunidense.

 

Aunque todos los analistas apuntan a la reunión de septiembre de la Fed como la fecha para este encarecimiento del precio del dinero en EU, el economista indio señaló que la devaluación de China podría hacer que el banco central estadunidense retrase hasta diciembre el inicio del ajuste monetario.

 

La ralentización de China, el gran motor económico mundial durante la crisis de 2008, es un motivo de quebradero de cabeza para los países exportadores de materias primas, principalmente de América Latina, y que habían aprovechado el impulso generado por la inacabable demanda china de estos productos.

 

“Nuestros estudios muestran que un punto porcentual anual de ralentización en China frena el crecimiento en Latinoamérica en 0,6 puntos porcentuales”, agregó el economista.