MADRID. Pocas veces a lo largo de su carrera Rafael Benítez ha estado al borde de las lágrimas. La última vez fue en 2011, durante un homenaje a las víctimas de la tragedia de Hillsborough ante 45 mil personas, en Anfield. Y ahora, cuatro años después de aquello, el Real Madrid volvió a sacar su lado más humano.

 

En esta ocasión, sin aficionados que le aclamaran, Benítez volvió a emocionarse por algo mucho más trivial que casi le impidió ofrecer sus primeras palabras como técnico del Real Madrid, tras volver a lo que llamó su casa.

 

Un largo trayecto de 20 años por diferentes clubes como Valladolid, Osasuna, Extremadura, Tenerife, Valencia, Liverpool, Inter, Chelsea y Nápoles marcaron el camino de un hombre que siempre se marcó un objetivo: volver al equipo que siempre quiso.

 

Por eso, con la voz entrecortada, Benítez casi no pudo hablar cuando agarró el micrófono. “Es un día emocionante volver aquí, a mi casa. Espero que las cosas vayan bien, que ganemos títulos”.

 

Y recordó que, en 1981, su último partido en la cantera del Real Madrid lo disputó en El Escorial cuando Emilio Butragueño, a quien tenía al lado, hacía las pruebas para entrar en el club. “Se ha cerrado el círculo”, dijo.