Si bien es cierto que los Hermanos Musulmanes tienen un perfil totalitario en el tema de la religión y que, por lo tanto, es difícil tolerar su rigidez política, nada justifica derrocarlos, pero al parecer, Abdelfatah Al Sisi no piensa de esa manera: el 3 de julio de 2013 encabezó un golpe de Estado en contra de Mohamed Morsi.

 

Ahora, Al Sisi es presidente de Egipto. Ayer se presentó en la vitrina global de Davos para dictar cátedra sobre el terrorismo. En su despacho de El Cairo se encuentra la lista en la que aparecen los nombres de más de 180 miembros de la comunidad islámica, los Hermanos Musulmanes, que morirán por decreto del poder Judicial, es decir, por la orden de Al Sisi.

 

El golpista optó por purgar cualquier vestigio de la comunidad musulmana en lugar de preguntarse por la razón por la que una mayoría de la ciudadanía egipcia votó por ellos después de la caída de Mubarak. Hoy, el expresidente Morsi se encuentra en la cárcel.

 

Paradójicamente, mientras que Al Sisis dictaba cátedra en Davos, un juez ordenaba la inmediata excarcelación de los hijos de Mubarak con lo que se confirma que la famosa Primavera Árabe se trató una icónica figura similar a la falsa creencia de encontrar un oasis en medio del desierto.

 

Estados Unidos, y sobre todo Israel, vieron con buenos ojos el golpe contra Mohamed Morsi, el candidato que los Hermanos Musulmanes llevaron a las primeras elecciones democráticas en Egipto el 24 de junio de 2012. No hay que olvidar que para Estados Unidos e Israel, el dictador Hosni Mubarak funcionó como aliado lo que en muchas ocasiones funcionó como dique de contención a favor de Israel. No por algo, Estados Unidos le proporcionaba una ayuda financiera anual.

 

¿El converso o renacido?

 

Ahora, junto a los innovadores de la nueva economía que anualmente se presentan en Davos y con disfraz de civil, el presidente Abdelfatah al Sisi dijo que la lucha contra el terrorismo en Occidente y en el resto del mundo, incluidos los países musulmanes, es la misma y los esfuerzos de los países deben coincidir en su eliminación bajo cualquier denominación que se presente.

 

“La lucha es una contra el mismo terrorismo que intenta imponernos su visión y nos ve como enemigos, independiente de las diferencias raciales o religiosas”, manifestó el gobernante en su intervención en el Foro Económico Mundial de Davos.

 

Agregó que la sangre que derraman los terroristas “sea en Egipto, Irak, Siria, Líbano, Francia, Nigeria o Canadá es del mismo color y por eso debemos movilizar nuestros esfuerzos en su contra donde estén y con el nombre que operen”.

 

Sin embargo, Al Sisi recordó que los políticos deben entender plenamente los argumentos con los que los movimientos extremistas han conseguido penetrar en las sociedades.

 

Su propuesta fue la de colaborar más, avanzar en el intercambio de información, así como “evitar que los terroristas usen internet y los medios sociales para incitar al odio y reclutar adeptos bajo la cobertura de falsas justificaciones religiosas”.

 

“El islam no debe ser valorado a través de criminales y asesinos”, pidió el mandatario egipcio. Él sí lo hizo cuando derrocó a Morsi.

 

La expansión del extremismo y el aumento de la amenaza terrorista, así como su impacto en la economía global, es un tema central en la 45 edición del Foro Económico Mundial de Davos, que se celebra hasta el próximo sábado.

 

El presidente egipcio también quiso hacer una autocrítica invitando a los musulmanes a pensar en una reforma y revaluar sus perspectivas.

 

“No debemos permitir que una minoría destruya nuestra historia y amenace presente y futuro en función de interpretaciones equivocadas de los principios de nuestra religión”, recalcó.

 

“Los musulmanes necesitamos modificar el discurso religioso, lo que no tiene que ver con convicciones o creencias, porque esto es inamovible, sino con un discurso adaptado al nuevo mundo y que deje de lado las falsas concepciones”, solicitó el mandatario egipcio.

 

Al Sisi subrayó, al mismo tiempo, que la lucha común contra el terrorismo debe basarse en el respeto “de la diversidad y evitar confrontaciones, o herir sensibilidades”.

 

Al parecer, Morsi olvida la represión que vive su país. Cínicamente, antes de viajar a Davos, reconoció que su gobierno se ha pasado en la violación de derechos humanos; que a partir de ahora no lo hará demasiado. Claro, la tarjeta de embarque a Davos le obligó a llevar una rosa consigo. (Con información de EFE)